SECCION 23 >
PROBLEMAS DE SALUD EN LA INFANCIA
CAPITULO 268
Trastornos hormonales
El sistema endocrino engloba un grupo de glándulas
y órganos que secretan hormonas al flujo sanguíneo. Las
glándulas principales son la hipófisis (controlada por
el hipotálamo), la tiroides, las paratiroides, los islotes del
páncreas (que producen insulina), las glándulas suprarrenales,
los testículos en los varones y los ovarios en las mujeres. Las
hormonas secretadas por estas glándulas controlan el crecimiento
físico, la función sexual, el metabolismo y otras funciones.
Muchos de los trastornos endocrinos que afectan a los adultos también
afectan a los niños, pero pueden producir síntomas diferentes.
Trastornos de la hipófisis
La hipófisis, una glándula del tamaño
de un guisante y ubicada en la base del cerebro, produce cierta cantidad
de hormonas. Algunas, como la corticotropina, la hormona estimulante
de las tiroides, la foliculoestimulante y la luteinizante, controlan
la función de diferentes glándulas endocrinas, estimulándolas
a producir otras hormonas. La hormona del crecimiento, otra pituitaria,
asegura el crecimiento durante la niñez.
La función pituitaria inadecuada se denomina
hipopituitarismo. En los niños, el hipopituitarismo puede ser
causado por un tumor pituitario benigno (craniofaringioma), por una
lesión o por una infección, o bien puede tener una causa
no identificable (hipopituitarismo idiopático). Raramente, el
hipopituitarismo (y la diabetes insípida aparece como componente
de la enfermedad de Hand-Schüller-Christian, que afecta a pequeñas
áreas óseas y pulmonares al igual que a la función
de la glándula hipófisis.
Si la glándula hipófisis funciona
deficientemente antes de la pubertad, el crecimiento se retrasa, las
características sexuales no se desarrollan y el funcionamiento
de las glándulas tiroides y suprarrenales resulta inadecuado.
Después de la pubertad, la función pituitaria defectuosa
puede ser causa de la disminución del deseo sexual, de la impotencia
y de la regresión del tamaño testicular.
En el panhipopituitarismo, la producción
de todas las hormonas pituitarias disminuye o cesa. Este trastorno puede
presentarse cuando la glándula completa sufre alguna lesión.
A veces, sólo falta una de las hormonas de
la hipófisis. Por ejemplo, si falta sólo la luteinizante
(insuficiencia aislada de la hormona luteinizante), los testículos
se desarrollan y producen esperma, ya que estas funciones son controladas
por la hormona foliculoestimulante, pero éstos no producen suficiente
testosterona. Esta hormona estimula el desarrollo de las características
sexuales secundarias masculinas, como la gravedad de la voz, el crecimiento
del vello facial y la maduración del pene. Por consiguiente,
los niños que padecen este trastorno no desarrollan dichas características.
Los brazos y las piernas anormalmente largos pueden ser otro síntoma
de esta deficiencia.
La hormona del crecimiento también puede
ser insuficiente. En el enanismo pituitario, la glándula hipófisis
produce cantidades inadecuadas de hormona del crecimiento, lo cual causa
un crecimiento anormal, estatura baja con proporciones normales. La
mayoría de los niños de baja estatura, sin embargo, tiene
un funcionamiento normal de la glándula hipófisis y son
bajos porque su crecimiento es tardío o porque sus padres también
lo son relativamente.
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas del funcionamiento inadecuado
de la hipófisis varían dependiendo de la hormona que escasea.
Por ejemplo, en los niños que carecen de la hormona estimulante
de la tiroides, el crecimiento puede alterarse y el desarrollo mental
puede ser limitado.
La edad en la que las deficiencias se manifiestan
también influye sobre los síntomas que se presentarán.
Las consecuencias en el feto son diferentes de las que se presentan
en el recién nacido o en un niño mayor.
Si se sospecha una función pituitaria inadecuada,
el médico prescribe un análisis de sangre para medir los
valores de las hormonas. La cuantificación del valor de la hormona
del crecimiento no siempre es útil o indicativa de una deficiencia
porque el cuerpo la produce en breves estallidos que elevan su valor
y lo reducen rápidamente. Para detectar una escasez de la hormona
del crecimiento, se puede medir el valor del factor I de crecimiento
semejante a la insulina (IGF-I). Algunas hormonas pituitarias se cuantifican
directamente, otras se miden reiteradamente entre una y dos horas después
de un estímulo específico administrado por vía
oral o por inyección. Se pueden obtener radiografías de
la mano para determinar la edad ósea (ésta indica si los
huesos continúan creciendo y cuánto van a crecer). Una
tomografía computadorizada (TC) o una resonancia magnética
nuclear (RM) de la cabeza pueden detectar un tumor u otra anomalía
estructural en la glándula hipófisis o cerca de ella.
Tratamiento
Los niños con deficiencia de una determinada
hormona pituitaria pueden recibir una hormona sintética idéntica
para reponerla. Por ejemplo, los niños que son bajos debido a
una carencia de la hormona del crecimiento pueden recibir hormona del
crecimiento sintética. Pueden crecer de 10 a 15 centímetros
durante el primer año de tratamiento, aunque el crecimiento posterior
es más lento. La administración de la hormona del crecimiento
no es apropiada para niños bajos con valores normales de la misma.
En la actualidad, se están investigando nuevos tratamientos que
estimulan su producción natural por el organismo.
Pueden reponerse tanto las hormonas pituitarias
ausentes como las que dependen de ella. Generalmente, se prefiere el
segundo enfoque. Por ejemplo, un niño que no puede producir hormona
estimulante de las tiroides recibe hormona tiroidea. La testosterona
se indica a un varón que no puede producir hormona foliculoestimulante
y hormona luteinizante, y estrógenos a una niña incapaz
de producir ninguna de estas dos.
Trastornos de la glándula tiroides
La glándula tiroides se localiza en la región
anterior del cuello. Produce la hormona tiroidea, la cual controla la
velocidad de las funciones químicas del organismo (proporción
metabólica).
Algunas afecciones de la glándula tiroides
pueden hacerla aumentar de tamaño, enfermedad conocida como bocio.
El bocio puede existir tanto si la glándula es hipoactiva (producción
escasa de hormonas tiroideas) como si es hiperactiva (producción
excesiva). El agrandamiento de la glándula tiroides presente
en el momento del nacimiento se llama bocio congénito. Algunos
niños tienen el síndrome de Pendred, enfermedad hereditaria
que combina sordomudez y bocio congénito.
| Bocio: glándula
tiroides agrandada |
 |
El hipotiroidismo se presenta cuando la glándula
tiroides no puede producir cantidades adecuadas de hormona tiroidea,
necesarias para el organismo. Los síntomas del hipotiroidismo
en los niños y adolescentes difieren de los de los adultos. En
los recién nacidos, el hipotiroidismo causa cretinismo (hipotiroidismo
neonatal), que se caracteriza por: ictericia, pérdida del apetito,
estreñimiento, llanto ronco, protuberancia umbilical (hernia
umbilical) y crecimiento óseo tardío. Si no se diagnostica
ni se trata en los meses posteriores al nacimiento, el hipotiroidismo
causa retraso mental. El hipotiroidismo que empieza en la niñez
(hipotiroidismo juvenil) retrasa el crecimiento y, en ocasiones, produce
miembros desproporcionadamente cortos. También tardan en aparecer
los dientes. El hipotiroidismo que se inicia en la adolescencia (hipotiroidismo
juvenil) es similar al de los adultos, pero puede retrasar la pubertad.
Los síntomas incluyen voz ronca, retraso en el habla, párpados
lánguidos y cara hinchada. También caída del pelo,
piel seca, pulso lento y aumento de peso.
En todos los recién nacidos, el valor de
la hormona tiroidea en la sangre se mide sistemáticamente en
los dos días que siguen al nacimiento. A un recién nacido
que padece hipotiroidismo se le administra rápidamente hormona
tiroides. Este tratamiento evita la lesión cerebral. El hipotiroidismo
que se manifiesta en la niñez o en la adolescencia se trata también
con hormonas que reponen las deficiencias.
El hipertiroidismo es consecuencia de la hiperactividad
de la glándula tiroidea. En el recién nacido, la causa
más frecuente de hipertiroidismo es la enfermedad neonatal de
Grave, potencialmente terminal, que puede manifestarse en los hijos
de madres que padecen o han padecido dicha enfermedad. La enfermedad
de Grave, una forma de hipertiroidismo, es un trastorno autoinmune por
el cual el organismo produce anticuerpos que estimulan la glándula
tiroides. En las embarazadas, estos anticuerpos atraviesan la placenta
y estimulan la glándula tiroides del feto. La enfermedad de Grave
en la madre puede producir el nacimiento de un feto sin vida, el aborto
o el nacimiento prematuro. En un recién nacido, los síntomas
de una glándula tiroides hiperactiva (escaso incremento de peso,
rápida frecuencia cardíaca, hipertensión, nerviosismo
o irritabilidad, vómitos y diarrea) pueden manifestarse varios
días después del nacimiento. El aumento del tamaño
glandular (bocio) puede presionar la tráquea e interferir la
respiración. Los valores altos de la hormona tiroides aceleran
el ritmo cardíaco, lo cual puede ocasionar insuficiencia cardíaca.
Los ojos saltones, un rasgo frecuente en el trastorno del adulto, también
se manifiestan en los recién nacidos. La enfermedad de Grave
es potencialmente mortal si no se detecta y si no es tratada apropiadamente.
Los bebés que reciben tratamiento se recuperan
en unas semanas, aunque pueden correr el riesgo de que la enfermedad
sea recurrente entre los seis meses y el año. Los valores altos
y persistentes de anticuerpos estimulantes de la tiroides también
pueden causar el cierre prematuro de los huesos craneales (fontanela),
retraso mental, hiperactividad tardía en la niñez y retraso
en el crecimiento.
El hipertiroidismo se trata con fármacos,
como el propiltiouracilo, que interfiere la formación de la hormona
tiroidea. Los bebés también pueden requerir tratamiento
por problemas cardíacos. Para los recién nacidos muy graves
que presentan valores sanguíneos muy elevados de anticuerpos
estimulantes de tiroides, puede ser necesario realizar una exanguinotransfusión
(mediante la cual, parte de la sangre del recién nacido se extrae
y se intercambia por sangre donada) para hacer disminuir la cantidad
de dichos anticuerpos.
Trastornos de las glándulas suprarrenales
Las dos glándulas suprarrenales, localizadas
sobre los riñones, en la región lumbar (parte inferior
de la espalda), producen varios tipos de hormonas. La porción
interna (médula) de cada glándula produce adrenalina y
noradrenalina, responsables de la reacción de defensa contra
el peligro y la tensión emocional. La porción externa
(corteza) produce aldosterona, que regula el equilibrio de sal en el
organismo y cortisol, que es un componente esencial en el procesamiento
de las proteínas, las grasas, los hidratos de carbono y ciertas
hormonas masculinas (andrógenos).
En algunos trastornos de la glándula suprarrenal,
el cortisol y la aldosterona normalmente no se producen porque faltan
las enzimas necesarias para tal fin. El hipotálamo detecta los
valores bajos de las mismas y estimula la hipófisis, que intenta
estimular las glándulas suprarrenales para que éstas produzcan
suficientes cortisol y aldosterona. Las suprarrenales incrementan de
10 a 20 veces su peso normal debido al estímulo constante del
hipotálamo y de la glándula hipófisis, si bien
siguen siendo incapaces de producir cortisol y aldosterona. Sin embargo,
pueden producir grandes cantidades de otras hormonas, como los andrógenos,
responsables de la masculinización.
Síntomas y diagnóstico
Una insuficiencia de hormonas suprarrenales causa
varios síntomas, dependiendo de la hormona de que se trate. Si
la producción de aldosterona es baja, se excreta demasiado sodio
en la orina, ocasionando una hipotensión y elevados valores de
potasio en sangre. Si la producción de cortisol es deficiente,
sobre todo si la producción de aldosterona se interrumpe, puede
ocasionar una mala función suprarrenal con riesgo de muerte en
los días o semanas posteriores al nacimiento, acompañada
de hipotensión, frecuencia cardíaca acelerada e insuficiencia
funcional de varios órganos.
Una insuficiencia androgénica antes del nacimiento
provoca el crecimiento inadecuado de los genitales en los varones (apertura
uretral anormal, pene y testículos pequeños), enfermedad
llamada seudohermafroditismo masculino. Las niñas con deficiencia
de hormonas suprarrenales parecen normales al nacer, pero no experimentan
los cambios de la pubertad ni menstrúan.
Un exceso de hormonas suprarrenales también
produce síntomas. Cuando el feto femenino es expuesto a altos
valores de andrógenos al inicio del embarazo, los genitales se
desarrollan anormalmente. La parte externa de los mismos se masculiniza
(seudohermafroditismo femenino). Si tal exposición se produce
antes de la semana 12 del embarazo, los labios pueden fundirse, desarrollándose
sólo una abertura para la uretra y la vagina. Después
de la decimosegunda semana de gestación, el efecto principal
es el agrandamiento del clítoris, con apariencia de pene. Los
ovarios, el útero y los demás órganos reproductores
internos se desarrollan normalmente. Los fetos masculinos no se ven
esencialmente afectados por los valores altos de andrógeno.
En niños pequeños, los valores altos
de andrógeno causan un crecimiento acelerado. Sin embargo, como
los huesos maduran más rápidamente de lo normal, pronto
dejan de crecer y la altura final es menor que la normal.
Los trastornos de la glándula suprarrenal
se diagnostican por la medición de los valores de hormonas suprarrenales
en muestras de sangre u orina.
Tratamiento
El tratamiento requiere la administración
de una hormona sintética para reponer la que no pueden producir
las glándulas suprarrenales. Una vez que la hormona deficiente
es repuesta, el hipotálamo y la glándula hipófisis
dejan de estimular las glándulas suprarrenales, con lo cual éstas
interrumpen la producción de cantidades excesivas de otras hormonas.
La carencia de cortisol se trata con corticosteroides, como la hidrocortisona
o la prednisona. Para una carencia aguda, que constituye una urgencia,
se requiere un tratamiento con líquidos, sodio y otros minerales.
La aldosterona se utiliza como tratamiento de su propia deficiencia
y la testosterona para tratar la deficiencia de andrógeno. La
presión arterial se mide con frecuencia porque si los valores
de estas hormonas son demasiado elevados o demasiado bajos, pueden alterar
la regulación de la sal y del agua en el cuerpo, afectando a
la presión arterial. El crecimiento se controla dos veces al
año y la edad ósea se determina cada año mediante
una radiografía de la mano. Con cantidades suficientes de hidrocortisona,
el crecimiento es normal. Las niñas que han sido expuestas a
valores elevados de andrógeno, a menudo necesitan una reconstrucción
quirúrgica de los genitales externos para crear una abertura
vaginal normal por razones estéticas.
Trastornos testiculares
Los testículos cumplen dos funciones principales:
primero, la síntesis de testosterona, principal hormona sexual
masculina (andrógeno), y segundo, la producción de esperma.
Los testículos pueden ser hipoactivos (enfermedad llamada hipogonadismo
masculino), puesto que la glándula hipófisis no secreta
las hormonas que estimulan los testículos o porque existe algún
problema en los mismos. Cuando los testículos son hipoactivos,
la producción de andrógeno es deficiente. El crecimiento
y el desarrollo sexual pueden retardarse, la producción de esperma
es escasa y el pene puede ser pequeño.
Síntomas
Los síntomas varían dependiendo de
la edad en la que se manifiesta el trastorno. En un feto masculino,
una deficiencia de andrógeno antes del tercer mes de embarazo
ocasiona el desarrollo incompleto de los genitales. La uretra puede
abrirse en la parte inferior del pene, en lugar de en su extremidad,
o un bebé masculino puede desarrollar genitales femeninos (seudohermafroditismo
masculino). Un feto masculino puede tener un pene anormalmente pequeño
(microfalo) o testículos que no descienden totalmente al escroto,
si una deficiencia de andrógeno se desarrolla posteriormente
durante el embarazo.
La deficiencia de andrógenos en la niñez
conlleva un desarrollo sexual incompleto. Un niño afectado presenta
una voz con timbre alto y un escaso desarrollo muscular para su edad.
El pene, los testículos y el escroto se encuentran poco desarrollados.
El vello púbico y axilar es escaso y los brazos y las piernas
son extremadamente largos.
La deficiencia de andrógenos después
de la pubertad puede causar escaso deseo sexual, impotencia y una fuerza
menor a la normal en los niños. Los testículos pueden
arrugarse, la piel alrededor de los ojos y los labios puede presentar
finas arrugas, el vello del cuerpo puede ser ralo y los huesos, débiles.
Si la deficiencia de andrógenos se debe a un problema testicular,
pueden desarrollarse las glándulas mamarias (ginecomastia).
El síndrome de Klinefelter se manifiesta
en aproximadamente 1 de cada 700 nacimientos masculinos. Resulta de
una anomalía cromosómica. Los niños que presentan
dicho síndrome tienen habitualmente dos cromosomas X y uno Y
(XXY en lugar del XY normal), aunque algunos tienen aún más
copias del cromosoma X. Generalmente, este síndrome no se detecta
hasta la pubertad, cuando el niño afectado no presenta un desarrollo
sexual normal.
Los varones con el síndrome de Klinefelter
tienen testículos pequeños (de menos de dos centímetros
transversalmente al escroto), que se encuentran firmes y llenos de tejido
fibroso. Los pechos (glándulas mamarias) están generalmente
un poco agrandados y las proporciones del esqueleto son anormales, con
las piernas más largas que el torso y la cabeza. Pueden presentarse
conductas antisociales. También se incrementa el riesgo de diabetes
mellitus, enfermedad pulmonar crónica, venas varicosas, hipotiroidismo
y cáncer de mamas. El diagnóstico se confirma mediante
el análisis cromosómico de las células sanguíneas.
El síndrome de los testículos que
desaparecen (anorquismo bilateral) se manifiesta en uno de cada 20 000
varones. Los testículos están presentes al principio del
desarrollo, pero son resorbidos por el organismo antes o después
del nacimiento. Sin los testículos, estos niños no pueden
producir testosterona o esperma, por consiguiente, no desarrollan las
características sexuales secundarias masculinas en la pubertad
y son infértiles.
| Testículos
que no han descendido |
 |
La ausencia congénita de las células
de Leydig (células de los testículos que habitualmente
producen testosterona) provoca el desarrollo de genitales ambiguos (seudohermafroditismo
masculino), ya que no se genera suficiente testosterona para estimular
al feto a que desarrolle genitales masculinos normales. Los niños
afectados son genéticamente masculinos.
La criptorquidia es una afección por la cual
ambos testículos permanecen en el abdomen, donde, en origen,
se forman en el feto. Habitualmente, los testículos descienden
al escroto poco antes del nacimiento. Al nacer, aproximadamente el 3
por ciento de los niños tiene criptorquidia, pero en la mayoría
de ellos, los testículos descienden por sí mismos al año
de edad. Si no descienden, es necesaria la cirugía para volver
a colocarlos en el escroto y prevenir la esterilidad o torsión
(enrollamiento doloroso de los testículos en torno al cordón
espermático) y para reducir el riesgo de cáncer testicular.
Esta intervención quirúrgica debe realizarse antes de
los cinco años de edad.
El síndrome de Noonan origina pequeños
testículos con escasa producción de testosterona. Otros
síntomas pueden incluir cuello con varios pliegues, orejas de
implantación baja, párpados caídos, baja estatura,
cuarto dedo (anular) muy corto, así como paladar arqueado y anomalías
cardíacas y de los vasos sanguíneos. Los análisis
de sangre detectan valores bajos de testosterona y valores altos de
dos hormonas pituitarias: hormona luteinizante y foliculoestimulante.
La distrofia miotónica es una enfermedad
muscular que incluye funcionamiento testicular deficiente en el 80 por
ciento de los casos. Los testículos son reemplazados por tejido
fibroso y no producen esperma. Otros síntomas son debilidad muscular
y desgaste, calvicie, retraso mental, cataratas, diabetes mellitus,
hipotiroidismo y huesos craneales anormalmente gruesos.
Diagnóstico
Se llevan a cabo varios análisis para identificar
el trastorno testicular presente. Primeramente, el médico examina
el pene y los testículos del niño para ver si el desarrollo
es normal para su edad. Se miden los valores de testosterona en la sangre.
Los valores de las hormonas luteinizante y foliculoestimulante también
pueden medirse, puesto que la función testicular está
regulada por la glándula hipófisis y por el hipotálamo
Se analiza una muestra de semen para determinar el volumen y el total
de esperma en los jóvenes que han pasado la pubertad.
Habitualmente, no se requiere una muestra de tejido
testicular para diagnosticar el hipogonadismo. Esta muestra, sin embargo,
suele someterse a análisis si el niño tiene testículos
de tamaño normal pero no genera esperma, según el resultado
del análisis de semen. El análisis cromosómico
puede ser necesario, especialmente ante la sospecha del síndrome
de Klinefelter. Generalmente, se analizan los cromosomas celulares de
una muestra de sangre.
Tratamiento
Si la glándula hipófisis no produce
la hormona luteinizante ni la foliculoestimulante, que estimula los
testículos, se indican suplementos de testosterona. Si un niño
tiene problemas de adaptación psicológica porque un retraso
en la pubertad ha derivado en un desarrollo sexual incompleto, pueden
recetarse inyecciones de testosterona durante tres meses. Este tratamiento
aumenta levemente la masculinización sin detener el crecimiento.
La deficiencia de testosterona puede tratarse con
inyecciones de esta hormona una o dos veces al mes, método más
seguro que su administración por vía oral, y que, además,
requiere menos dosis. La testosterona también puede ser administrada
mediante un parche en la piel aplicado diariamente. El tratamiento con
testosterona restablece el equilibrio en el organismo y estimula el
crecimiento, el desarrollo sexual y la fertilidad. Los principales efectos
colaterales incluyen retención de líquidos, acné
y, ocasionalmente, desarrollo temporal de los senos (ginecomastia).
No existe ninguna cura para las anomalías
cromosómicas, pero la testosterona puede ser útil para
tratar los síntomas.
La cirugía reparadora de un desarrollo
anormal del pene es, a menudo, posible. Pueden insertarse testículos
artificiales en el escroto con fines estéticos, pero éstos
no producen esperma ni hormonas. La cirugía para descender los
testículos al escroto permite habitualmente que éstos
funcionen normalmente.