SECCION 22 >
PROBLEMAS DE SALUD DE LA MUJER
CAPITULO 233
Menopausia
La menopausia es el momento en la vida de
la mujer en que cesa la función cíclica de los ovarios
y la menstruación.
La menopausia se inicia al final de la última
menstruación. Sin embargo, ese hecho sólo se comprueba
más adelante, cuando no se produce flujo menstrual durante al
menos 12 meses. La edad promedio en que tiene lugar la menopausia es
alrededor de los 50 años, pero la menopausia también aparece
normalmente en mujeres de tan sólo 40 años. Los ciclos
menstruales regulares pueden continuar hasta la menopausia, pero en
general las últimas menstruaciones presentan una duración
y una cantidad de flujo variable. Progresivamente cada vez menos ciclos
se acompañan de la liberación de un óvulo.
Con el paso del tiempo, los ovarios responden cada
vez menos a la estimulación que provocan la hormona luteinizante
y la hormona foliculoestimulante, secretadas por la hipófisis;
en consecuencia, los ovarios secretan de forma progresiva menos cantidad
de estrógenos y progesterona, y la liberación de óvulos
(ovulación), finalmente, se detiene.
La menopausia prematura es la que se produce antes
de los 40 años. Entre sus causas destacan una predisposición
genética y trastornos autoinmunes, en los que se producen anticuerpos
que pueden lesionar varias glándulas, entre ellas los ovarios.
El hábito de fumar también se asocia a menopausia prematura.
La menopausia artificial deriva de una intervención
médica que reduce o detiene la secreción hormonal de los
ovarios. Estas intervenciones incluyen la cirugía, para extirpar
los ovarios o para reducir la cantidad de sangre que reciben, y la quimioterapia
o la radioterapia sobre la pelvis (incluyendo los ovarios) para tratar
el cáncer. La intervención quirúrgica en que se
extirpa el útero (histerectomía) tiene como efecto la
suspensión de la menstruación, pero no afecta a la cantidad
de hormonas mientras los ovarios sigan intactos y, por tanto, no provoca
menopausia.
Síntomas
Durante el período anterior a la menopausia
(técnicamente denominado climaterio, pero más recientemente
llamado perimenopausia), puede que no haya síntomas o que éstos
sean suaves, moderados o agudos. Los sofocos afectan al 75 por ciento
de las mujeres. Durante un acceso de calor, la piel, en especial la
de la cabeza y el cuello, se torna roja y caliente y la sudación
puede ser intensa. La mayoría de las mujeres tienen sofocos durante
más de un año y del 25 al 50 por ciento los padece durante
más de cinco años; duran de 30 segundos a 5 minutos y
pueden seguirse de escalofríos. Los síntomas psicológicos
y emocionales como fatiga, irritabilidad, insomnio y nerviosismo pueden
estar causados por la disminución de los estrógenos. La
sudación nocturna es un factor de perturbación del sueño
y empeora el cansancio y la irritabilidad. En ocasiones, la mujer puede
sentirse mareada, tener sensación de hormigueo (pinchazos) y
percibir los latidos de su corazón, que parece palpitar con fuerza.
También puede tener incontinencia urinaria, inflamación
de la vejiga y de la vagina, y sentir dolor durante el coito debido
a la sequedad vaginal. A veces, aparece una sensación dolorosa
en los músculos y las articulaciones.
La osteoporosis (el intenso adelgazamiento de los
huesos) es el principal problema para la salud que provoca la menopausia.
Las mujeres blancas delgadas y las que fuman cigarrillos, beben excesivas
cantidades de alcohol, toman corticosteroides, ingieren poca cantidad
de calcio o tienen una forma de vida sedentaria tienen un mayor riesgo
de padecer este trastorno. Durante los primeros 5 años posteriores
a la menopausia, se pierde del 3 al 5 por ciento de masa ósea
por año, y después, del 1 al 2 por ciento cada año;
de ahí que se produzcan fracturas a partir de lesiones menores
y, en las personas de edad avanzada, incluso sin que exista ninguna
lesión. Los huesos que se fracturan con más frecuencia
son las vértebras (lo que provoca encorvamiento y dolor de espalda),
el fémur (caderas) y los huesos de las muñecas.
La incidencia de las enfermedades cardiovasculares
aumenta más rápidamente después de la menopausia,
debido a que los estrógenos disminuyen. Una mujer que ha sufrido
una extirpación de los ovarios y que, en consecuencia, presenta
menopausia prematura, y no se somete a una terapia de reposición
de estrógenos tiene el doble de probabilidades de sufrir enfermedades
cardiovasculares que una mujer premenopáusica de la misma edad.
Las mujeres posmenopáusicas que toman estrógenos sufren
muchas menos enfermedades cardiovasculares que las que no lo hacen.
Por ejemplo, entre las pacientes posmenopáusicas
que padecen enfermedades de las arterias coronarias, las que toman estrógenos
tienen, en promedio, una mayor esperanza de vida. Estos beneficios se
deben, en parte, a los efectos favorables de los estrógenos sobre
la cantidad de colesterol. La disminución de estrógenos
produce un aumento en el llamado colesterol malo (lipoproteínas
de baja densidad [LDL]) y una disminución del llamado colesterol
bueno (lipoproteínas de alta densidad [HDL]).
Tratamiento
Los síntomas se tratan restituyendo los niveles
de estrógenos a unas cifras similares a las de la premenopausia.
Los principales objetivos de la terapia de reposición de estrógenos
son los siguientes:
- Aliviar síntomas como los sofocos, la sequedad
vaginal y los trastornos urinarios.
- Prevenir la aparición de la osteoporosis
- Prevenir la aterosclerosis y las enfermedades
de la arterias coronarias.
Los estrógenos se presentan en forma no sintética
(natural) o sintética (producida en laboratorio). Los estrógenos
sintéticos son cien veces más potentes que los naturales
y, en consecuencia, no es recomendable su administración a mujeres
menopáusicas, ya que con dosis muy bajas de estrógenos
naturales ya se evitan los sofocos y la osteoporosis. Así mismo,
las dosis muy altas pueden causar problemas, como un aumento en la tendencia
a sufrir migrañas.
Los
estrógenos se administran en forma de comprimidos o de parches
cutáneos (estrógenos transdérmicos). También
pueden aplicarse en la vagina en forma de crema cuando las razones principales
para su uso son evitar el adelgazamiento de la superficie de la pared
vaginal (lo que reduce el riesgo de infecciones urinarias e incontinencia)
y evitar dolor durante el coito. Parte de los estrógenos administrados
se absorben y pasan a la sangre, sobre todo a medida que mejora el revestimiento
vaginal.
Debido a que los estrógenos provocan efectos
secundarios y conllevan riesgos a largo plazo, al mismo tiempo que beneficios,
la mujer y su médico deben sopesar los beneficios y las desventajas
antes de decidir la administración de una terapia de reposición
de estrógenos. Los efectos secundarios incluyen náuseas,
malestar en las mamas, dolor de cabeza y cambios del estado de ánimo.
Las mujeres posmenopáusicas que toman estrógenos
sin progesterona tienen un mayor riesgo de sufrir cáncer de endometrio
(cáncer del revestimiento interior del útero); la incidencia
es de una a cuatro de cada 1 000 mujeres al año. El aumento está
en estrecha relación con la dosis y la duración del tratamiento.
Si una mujer presenta una hemorragia anormal por la vagina, puede realizarse
una biopsia (obtención de una muestra de tejido para ser examinada
al microscopio) del revestimiento interior del útero para determinar
si tiene cáncer de endometrio. Las mujeres que padecen esta enfermedad
y que están tomando estrógenos en general tienen un buen
pronóstico: alrededor del 94 por ciento sobrevive 5 años.
La administración de progesterona junto a los estrógenos
elimina casi totalmente el riesgo de padecer cáncer de endometrio,
y lo reduce aún más en las mujeres que no toman estrógenos
(una mujer a la que se le ha extirpado el útero no puede desarrollar
este cáncer). La progesterona no parece anular los efectos beneficiosos
de los estrógenos sobre las enfermedades cardiovasculares.
Una cuestión importante es si el hecho de
tomar estrógenos aumenta la incidencia del cáncer de mama.
Sin embargo, no se ha demostrado de forma evidente ninguna asociación
entre el tratamiento sustitutivo con estrógenos y el cáncer
de mama. El riesgo de cáncer aumenta cuando se toman estrógenos
durante más de 10 años. La mujer con un riesgo elevado
de desarrollar cáncer de mama no debería tomar estrógenos.
No obstante, para las mujeres proclives a sufrir osteoporosis y enfermedades
del corazón y para aquellas con poco riesgo de desarrollar cáncer
de mama, el beneficio obtenido gracias a la terapia con estrógenos
compensa con creces los posibles riesgos.
El riesgo de contraer una enfermedad de la vesícula
biliar durante el primer año del tratamiento sustitutivo con
estrógenos está aumentado discretamente.
En general, la terapia sustitutiva con estrógenos
no se prescribe en mujeres que tienen o han tenido cáncer de
mama o un cáncer de endometrio avanzado, que presentan hemorragias
genitales de causa desconocida o que tienen una enfermedad hepática
grave o alteraciones en la coagulación sanguínea. Sin
embargo, a veces los médicos administran estrógenos a
mujeres que fueron tratadas por un cáncer de mama en sus primeras
fases y que no sufrieron ninguna recidiva al menos en los últimos
5 años. En general, la terapia constitutiva con estrógenos
no está indicada en casos de enfermedad crónica del hígado
o de porfiria aguda intermitente.
A las mujeres que no pueden tomar estrógenos
se les pueden prescribir fármacos ansiolíticos, progesterona
o clonidina para reducir el malestar que provocan los sofocos. Los antidepresivos
también alivian la depresión, la ansiedad, la irritabilidad
y el insomnio.