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TRASTORNOS OCULARES
CAPITULO 220
Trastornos de los párpados y de las glándulas
lagrimales
Los párpados desempeñan un papel
fundamental en la protección de los ojos. Ayudan a extender la
humedad (lágrimas) sobre la superficie de los ojos cuando se
cierran (por ejemplo, durante el parpadeo); en consecuencia, ayudan
a evitar que los ojos se sequen. Los párpados también
constituyen una barrera mecánica contra las lesiones, pues se
cierran de forma refleja cuando un objeto se acerca demasiado al ojo.
Este reflejo se dispara ante la visión de un objeto que se aproxima,
por el contacto de un objeto sobre la superficie del ojo o cuando las
pestañas se mueven por efecto del viento o por el impacto de
pequeñas partículas como el polvo o la arena.
Las lágrimas son un líquido salino
que continuamente baña la superficie del ojo para mantenerla
húmeda. Contiene anticuerpos que ayudan a proteger al ojo de
las infecciones. Las lágrimas son producidas por las glándulas
lagrimales, localizadas cerca del ángulo externo del ojo. Bañan
la superficie del ojo y salen por dos pequeñas aberturas en los
párpados (los conductos lagrimales); estos orificios llevan al
conducto nasolagrimal, un canal que desemboca en la nariz.
Si las glándulas lagrimales no producen suficientes
lágrimas, los ojos pueden secarse parcialmente y resultar dañados.
Una causa poco frecuente de producción insuficiente de lágrimas
es el síndrome de Sjögren. Los ojos también pueden
secarse cuando la evaporación provoca una excesiva pérdida
de lágrimas, como sucede, por ejemplo, si los párpados
no cierran correctamente.
Obstrucción del conducto nasolagrimal
La obstrucción del conducto nasolagrimal
(dacriostenosis) puede deberse a un desarrollo inadecuado del sistema
nasolagrimal al nacer, una infección nasal crónica, infecciones
oculares graves o recurrentes, o a fracturas de los huesos de la nariz
o de la cara. La obstrucción puede ser parcial o completa.
La obstrucción causada por un sistema nasolagrimal
inmaduro en general hace que el exceso de lágrimas caiga del
ojo hacia abajo bañando la mejilla (epífora) del lado
afecto; en raras ocasiones, ello puede suceder en los dos ojos, en bebés
de 3 a 12 semanas de vida. Esta clase de obstrucción generalmente
desaparece sin tratamiento hacia los 6 meses, cuando se desarrolla el
sistema nasolagrimal. A veces la obstrucción desaparece más
rápidamente si se enseña a los padres a vaciar el conducto
masajeando suavemente la zona por encima del mismo con la yema del dedo.
Al margen de la causa de la obstrucción,
si se produce una inflamación de la conjuntiva (conjuntivitis),
puede ser necesario aplicar gotas oftálmicas con antibiótico.
Si la obstrucción no desaparece, puede ser necesario que un especialista
en oído, nariz y garganta (otorrinolaringólogo) o bien
un especialista en los ojos (oftalmólogo) abra el conducto con
una pequeña sonda, que en general se inserta a través
del orificio del conducto situado en el ángulo interno del párpado.
A los niños se les administra anestesia general para esta intervención,
pero los adultos sólo necesitan anestesia local. Si el conducto
se encuentra completamente bloqueado, puede ser necesario recurrir a
una cirugía más completa.
| Las estructuras lagrimales |
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Infección del saco lagrimal
En general, la infección del saco lagrimal
(dacriocistitis) es consecuencia de la obstrucción del conducto
nasolagrimal. La infección provoca que la zona que rodea el saco
esté dolorida, roja e hinchada. El ojo se torna rojo y acuoso
y supura pus. Una ligera presión aplicada al saco puede empujar
el pus por el orificio que se sitúa en el ángulo interno
del ojo, cerca de la nariz. La persona también tiene fiebre.
Si una infección moderada o recurrente persiste
durante mucho tiempo, la mayoría de los síntomas pueden
desaparecer y sólo se percibirá una ligera hinchazón
de la zona. A veces, una infección hace que el líquido
quede retenido en el saco lagrimal, y entonces se forme un gran saco
lleno del mismo (mucocele) bajo la piel. Las infecciones recurrentes
pueden provocar que la zona que cubre el saco se engruese y enrojezca.
Puede formarse un absceso y romperse a través de la piel, lo
que crea un conducto por el que drena su contenido.
La infección se trata con antibióticos
orales o intravenosos. La aplicación de frecuentes compresas
calientes en la zona también ayuda. Si se desarrolla un absceso,
se lleva a cabo una cirugía para abrirlo y drenarlo. En los casos
de infecciones crónicas, el conducto nasolagrimal bloqueado puede
abrirse con una sonda o mediante cirugía. En muy pocos casos
es necesario extirpar quirúrgicamente todo el saco lagrimal.
Tumefacción de los párpados
Cualquier cosa que irrite los ojos puede también
irritar los párpados y provocar tumefacción (edema del
párpado). El factor irritante más común es la alergia,
que puede hacer que uno o ambos párpados se deformen e hinchen.
Las reacciones alérgicas pueden ser provocadas por ciertos medicamentos
instilados en los ojos, como las gotas oftálmicas; otros fármacos
y cosméticos; o bien polen u otras partículas que se encuentran
en el aire. Las picaduras de insectos, así como las infecciones
producidas por bacterias, virus u hongos también pueden hinchar
los párpados.
La eliminación de la causa de la tumefacción
y la aplicación de compresas frías pueden aliviar la inflamación.
Si la causa es una alergia, el hecho de evitar el alergeno puede aliviar
la tumefacción; el médico también puede recetar
una terapia con fármacos. Si un cuerpo extraño como el
aguijón de un insecto se ha clavado en el párpado, debe
ser extraído.
Inflamación de los párpados
La inflamación de los párpados (blefaritis)
provoca enrojecimiento y engrosamiento; así mismo, suelen formarse
escamas y costras o bien úlceras superficiales. Los procesos
que pueden cursar con inflamación son una infección causada
por estafilococos en los párpados y en las glándulas grasas
(sebáceas) que se localizan en los bordes de éstos, la
dermatitis seborreica en la cara y el cuero cabelludo y la rosácea.
Uso de gotas y ungüentos para los
ojos
La persona que recibe la medicación
debe inclinar la cabeza hacia atrás y mirar hacia arriba.
Lo mejor es estar recostado si es otra persona la que aplica
el medicamento. Con el extremo de un dedo limpio se tira ligeramente
hacia abajo el párpado inferior para crear una especie
de bolsa, como se muestra en la figura. A continuación,
se echan las gotas dentro de esa bolsa, y no directamente sobre
el ojo. El ungüento se coloca en una pequeña cantidad
dentro de la bolsa. El parpadeo distribuye la medicación
por todo el ojo.
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La blefaritis puede provocar la sensación
de que hay algo dentro del ojo. Los ojos y los párpados pueden
experimentar picor, quemazón y enrojecer. El párpado puede
hincharse y algunas de las pestañas pueden desprenderse y caer.
Los ojos pueden tornarse rojos, llorosos y sensibles a la luz intensa.
Puede formarse una costra que queda firmemente adherida a los bordes
del párpado; cuando se extrae, en ocasiones deja una superficie
sangrante. Durante el sueño, las secreciones que se secan dejan
los párpados pegajosos.
La blefaritis tiende a ser recurrente y es muy resistente
al tratamiento. Es molesta y poco estética, pero casi nunca es
destructiva. En ciertos casos, puede provocar la caída de las
pestañas, la cicatrización de los bordes de los párpados
e incluso puede dañar la córnea.
En general, el tratamiento consiste en mantener
los párpados limpios, quizás lavándolos con champú
para bebés. En ciertos casos, el médico puede recetar
una pomada con antibiótico, como la eritromicina o la sulfacetamida,
o bien un antibiótico oral, como la tetraciclina. Cuando la piel
de la persona con blefaritis también sufre de dermatitis seborreica,
la cara y el cuero cabelludo también deben ser sometidos a un
tratamiento.
Orzuelo
Un orzuelo es una infección, en general provocada
por un estafilococo, de una o más de las glándulas que
se encuentran en el borde del párpado o por debajo de éste.
Se forma un absceso que tiende a romperse y, en
consecuencia, genera una pequeña cantidad de pus. El orzuelo
a veces se forma al mismo tiempo que la blefaritis o bien como resultado
de ésta. Una persona puede tener uno o dos orzuelos en toda su
vida, pero otras los desarrollan repetidamente.
El orzuelo en general se manifiesta primero con
un enrojecimiento, sensibilidad y dolor en el borde externo del párpado.
Luego, una pequeña área se torna redondeada y sensible
y se hincha. El ojo puede lagrimear, volverse muy sensible a la luz
intensa y provocar la sensación de que hay algo en su interior.
Generalmente, sólo una parte muy pequeña del párpado
se hincha, pero a veces se inflama en su totalidad. En general aparece
un diminuto punto amarillento en el centro de la zona hinchada.
A pesar de que se recurre a los antibióticos,
no parecen ser demasiado útiles en estos casos. El mejor tratamiento
consiste en aplicar compresas calientes durante 10 minutos varias veces
al día. El calor ayuda a que el orzuelo madure, se rompa y drene.
Cuando se forma un orzuelo en una de las glándulas más
profundas del párpado, una afección llamada orzuelo interno,
el dolor y los demás síntomas suelen ser más intensos.
El dolor, el enrojecimiento y la hinchazón suelen aparecer sólo
en un área muy pequeña, en general en el borde del párpado.
Como esta clase de orzuelo rara vez se rompe por sí solo, el
médico puede abrirlo para drenar el pus. Los orzuelos internos
suelen ser recurrentes.
Calacio (chalación)
Un calacio (chalación) es el aumento de tamaño
de una larga y delgada glándula sebácea del párpado
como resultado de la obstrucción del orificio de abertura de
la glándula que se encuentra en el borde del párpado.
Al principio, un calacio tiene el mismo aspecto
y síntomas que un orzuelo: párpado hinchado, dolor e irritación.
Sin embargo, tras pocos días los síntomas desaparecen,
dejando un bulto redondeado e indoloro en el párpado que crece
lentamente durante la primera semana. Una zona rojiza o gris puede aparecer
debajo del párpado.
La mayoría de los calacios desaparecen sin
tratamiento tras unos pocos meses. Si se aplican compresas calientes
varias veces al día, pueden desaparecer más rápidamente.
Si persisten más de 6 semanas, el médico puede drenarlos
o simplemente inyectar un corticosteroide.
Entropión y ectropión
El entropión es una dolencia en la que el
párpado se pliega sobre sí mismo contra del globo ocular.
El ectropión es una dolencia en la que el párpado se pliega
hacia fuera y no entra en contacto con el globo ocular.
Normalmente, los párpados superior e inferior
se cierran firmemente, protegiendo el ojo de cualquier agresión
y evitando la evaporación de las lágrimas. Si el extremo
de uno de los párpados se tuerce hacia dentro (entropión),
las pestañas rozan el ojo, lo que puede derivar en una ulceración
y cicatrización de la córnea. Si el extremo de un párpado
se tuerce hacia fuera (ectropión), ambos párpados son
incapaces de cerrar correctamente y las lágrimas no se esparcen
por el globo ocular. Estos procesos son más frecuentes en las
personas de edad y en aquellas que han sufrido una lesión en
el párpado con formación de una cicatriz. En ambas situaciones
se pueden irritar los ojos, provocando lagrimeo y enrojecimiento. De
ser necesario, ambos procesos pueden ser tratados con cirugía.
Tumores de los párpados
Sobre los párpados pueden aparecer formaciones
no cancerosas (benignas) y cancerosas (malignas). Una de las variedades
más comunes de tumores benignos es el xantelasma, un bulto plano
blanco-amarillento formado por material graso. Los xantelasmas no necesitan
ser extirpados a menos que su presencia resulte visualmente molesta.
Como el xantelasma puede indicar la presencia de altos valores de colesterol
(en especial en las personas jóvenes), el médico verificará
la concentración de colesterol.
El carcinoma de células escamosas y el aún
más frecuente llamado carcinoma de células basales, ambos
tumores cancerosos, pueden aparecer en el párpado así
como en muchas otras áreas de la piel. Si una formación
aparece sobre el párpado y no se resuelve tras varias semanas,
el médico puede realizar una biopsia (extirpación de un
espécimen para examinarlo al microscopio) y efectuar un tratamiento,
generalmente quirúrgico.