SECCION 18 >
ENFERMEDADES DE LA PIEL
CAPITULO 205
Radiación solar y lesiones sobre la piel
La piel protege al resto del cuerpo de los
rayos solares (una fuente de radiación ultravioleta [UV] que
puede dañar las células). Una sobreexposición al
sol, aunque sea breve, produce quemaduras. Tras una prolongada exposición
a la luz solar, la parte más externa de la piel (epidermis) se
vuelve más gruesa y las células cutáneas productoras
de pigmento (melanocitos) incrementan la producción del mismo
(melanina), lo cual proporciona a la piel su color. La melanina, una
sustancia protectora natural, absorbe la energía de los rayos
ultravioleta y evita que éstos penetren más profundamente
en los tejidos.
La sensibilidad a la luz solar varía según
el origen, la exposición previa y el color de la piel, pero todo
el mundo es vulnerable en algún grado. Como las personas con
piel oscura tienen más melanina, son más resistentes a
los efectos negativos del sol, como quemaduras, envejecimiento cutáneo
prematuro y cáncer de piel. Los albinos no tienen melanina en
su piel; en consecuencia, no se broncean y se queman gravemente incluso
con una breve exposición al sol. A no ser que los albinos se
protejan del sol, desarrollan cánceres de piel a temprana edad.
Las personas con vitíligo tienen zonas de piel sin melanina y
por consiguiente pueden padecer graves quemaduras solares.
Quemaduras solares
Peligros de la radiación solar
inadvertida
El sol irradia energía de diferentes
longitudes de onda; por ejemplo, la luz amarilla tiene una mayor
longitud de onda que la luz azul. Las longitudes de onda de
la radiación ultravioleta (UV) son menores que las de
la luz visible y pueden dañar el tejido vivo. Afortunadamente,
el ozono de las capas más altas de la atmósfera
terrestre filtra las longitudes de onda más perjudiciales
de los rayos UV, pero parte de esa luz UV, principalmente la
incluida en las bandas de longitud de onda A (UVA) y B (UVB),
llegan a la Tierra y pueden dañar la piel.
Las características y la cantidad de radiación
UV varían según la estación, el clima y
la localización geográfica. Debido a la inclinación
con que los rayos solares atraviesan la atmósfera a las
distintas horas del día en las zonas templadas, la exposición
al sol resulta menos perjudicial antes de las 10 de la mañana
y después de las 3 de la tarde. El riesgo de lesiones
es mayor en las grandes altitudes, donde la atmósfera
protectora es más delgada.
Otra consideración: la cantidad de radiación UV
que llega a la superficie de la Tierra es cada vez mayor, especialmente
en las latitudes del norte. Ello se debe a que las reacciones
químicas entre el ozono y los clorofluorocarbonos (sustancias
químicas presentes en los frigoríficos y los aerosoles)
están destruyendo la capa protectora de ozono, creando
una atmósfera más delgada y que presenta algunos
orificios.
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Las quemaduras solares se producen por una sobreexposición
a los rayos ultravioleta B (UVB). Dependiendo del tipo de pigmento cutáneo
que tenga una persona y del tiempo de exposición al sol, la piel
se vuelve roja, inflamada y dolorida entre una hora y un día
después de la exposición. Posteriormente, se pueden formar
ampollas y la piel se descama. Algunas personas quemadas por el sol
presentan fiebre, escalofríos y debilidad y, aquellas con quemaduras
realmente graves pueden incluso entrar en shock (hipotensión
arterial, desvanecimiento y profunda debilidad).
Prevención
El mejor modo (y el más obvio) de evitar
el daño que puede causar el sol es permanecer alejado de su radiación
intensa y directa. Las prendas de vestir y las gafas de cristal ordinario
repelen prácticamente todos los rayos nocivos. El agua no es
un buen filtro de rayos UV. Los rayos UVA y UVB pueden atravesar casi
35 centímetros de agua transparente, tal y como lo pueden experimentar
quienes bucean cerca de la superficie y quienes caminan descalzos por
la orilla. Tampoco las nubes ni la niebla son buenos filtros para los
rayos UV; una persona puede sufrir quemaduras solares en un día
nublado o con niebla. La nieve, el agua y la arena reflejan la luz solar
y amplifican la exposición de la piel a los rayos UV.
Antes de una exposición a la luz solar intensa
y directa, una persona debería aplicarse un filtro solar, o sea
un ungüento o una crema con sustancias químicas que protegen
la piel al repeler los rayos UVA y UVB. Muchos filtros solares también
son impermeables o bien resistentes al agua. Un tipo común y
eficaz de filtro solar contiene ácido para-aminobenzoico (PABA).
Como requiere de 30 a 45 minutos para fijarse fuertemente a la piel,
nadar o sudar inmediatamente después de aplicarse el PABA lo
elimina de la piel. Ocasionalmente, los filtros solares que contienen
PABA irritan la piel y pueden provocar reacciones alérgicas en
algunas personas.
Otro tipo de filtro solar contiene una sustancia
química llamada benzofenona. Muchos protectores solares contienen
tanto PABA como benzofenona u otros productos químicos; estas
combinaciones proporcionan protección frente a un amplio espectro
de rayos UV. Otros filtros solares contienen barreras físicas
como el óxido de zinc o el dióxido de titanio; estos ungüentos
blancos y espesos evitan que el sol alcance la piel y pueden ser utilizados
en zonas pequeñas y sensibles, como la nariz y los labios. Las
personas preocupadas por su aspecto pueden teñir estos ungüentos
con sustancias cosméticas para que tengan el mismo color de su
piel.
En general, los filtros solares se clasifican en
grados según su número de factor de protección
solar (FPS): cuanto mayor es el número de FPS, mayor es la protección.
Los filtros solares con un factor de protección mayor o igual
a 15 bloquean la mayor parte de la radiación UV, pero ningún
filtro transparente impide el acceso a todos los rayos UV. Habitualmente,
los filtros solares tienden a bloquear sólo los rayos UVB, pero
los rayos UVA también pueden dañar la piel. Algunos filtros
solares de reciente aparición son algo más eficaces para
bloquear los rayos UVA.
Tratamiento
El primer hormigueo o enrojecimiento indica que
hay que abandonar rápidamente la exposición al sol. Las
compresas mojadas con agua fría del grifo pueden aliviar las
zonas enrojecidas, al igual que las lociones o los ungüentos sin
anestésicos ni perfumes que pueden irritar o sensibilizar la
piel. Los comprimidos de corticosteroides pueden ayudar a aliviar la
inflamación y el dolor en unas horas.
La piel quemada por el sol comienza a curar por
sí sola tras varios días, pero la curación completa
puede requerir semanas. La parte inferior de las piernas, particularmente
las espinillas, tienden ser particularmente molestas cuando se queman
por el sol, y además curan lentamente. Las superficies cutáneas
que raramente se exponen al sol pueden sufrir quemaduras graves porque
contienen poco pigmento. Estas superficies son las zonas de piel normalmente
cubiertas por el bañador, el dorso de los pies y la parte de
la muñeca que normalmente está protegida por el reloj.
La piel dañada por el sol representa una
insuficiente barrera contra la infección, y si ésta se
produce puede retrasarse la curación. El médico puede
determinar la gravedad de una infección y prescribir antibióticos
si fuera necesario.
Una vez se desprende la piel quemada, las nuevas
capas expuestas al sol son delgadas y muy sensibles a su radiación.
Estas zonas pueden continuar siendo extremadamente sensibles durante
varias semanas.
Efectos a largo plazo de la radiación solar
Muchos años de exposición a los rayos
solares envejecen la piel, pero la exposición antes de los 18
años de edad es probablemente la etapa más perjudicial.
Aunque la piel de los sujetos rubios es mucho más vulnerable,
si se produce una exposición suficiente se modifica la piel de
cualquier individuo.
El
daño ocasionado a las capas más profundas de la piel produce
arrugas y una coloración amarillenta. La radiación solar
también adelgaza la piel y puede inducir la aparición
de formaciones precancerosas (queratosis actínica, queratosis
solar). Estas formaciones son áreas laminadas y descamativas
que no curan; también pueden ser duras y adquirir un color entre
gris o incluso más oscuro. Los individuos expuestos durante mucho
tiempo al sol corren mayor riesgo de contraer cánceres de piel,
como el carcinoma de células escamosas, el carcinoma basocelular
y, en cierto grado, un melanoma maligno.
Tratamiento
La clave del tratamiento es evitar la exposición
al sol; en cualquier caso, las lesiones ya manifestadas son irreversibles.
Las cremas hidratantes y el maquillaje ayudan a ocultar las arrugas.
En ciertos casos se utilizan sustancias químicas que favorecen
la descamación, como los alfahidroxiácidos y la tretinoína
para intentar mejorar las lesiones crónicas, especialmente las
arrugas muy delgadas y la pigmentación irregular. Aunque los
efectos beneficiosos de estos tratamientos han sido ya demostrados,
existen pocas pruebas convincentes de que las arrugas profundas puedan
desaparecer permanentemente o que el daño de la piel pueda revertir.
Las formaciones precancerosas pueden degenerar en
cáncer de piel. Las queratosis solar o actínica pueden
ser eliminadas mediante congelación con nitrógeno líquido;
sin embargo, si una persona presenta muchas lesiones, puede aplicarse
un líquido o un ungüento con fluorouracilo. A menudo, durante
este tratamiento el aspecto de la piel puede empeorar porque el fluorouracilo
provoca enrojecimiento, descamación y quemazón de las
zonas de queratosis y de la piel circundante que está dañada
por el sol.
Reacciones de fotosensibilidad de la piel
Si bien las quemaduras y otras lesiones solares
tardan en aparecer, algunas personas presentan ciertas reacciones inusuales
incluso sólo unos minutos después de la exposición
al sol. Estas reacciones son enrojecimiento, descamación, urticaria,
ampollas y formación de placas engrosadas y descamativas. Diversos
factores pueden contribuir a la aparición de esta sensibilidad
al sol (fotosensibilidad).
La causa más frecuente es el uso de ciertos
fármacos, como algunos antibióticos, diuréticos
y agentes antifúngicos. Las reacciones de fotosensibilidad también
pueden deberse a jabones, perfumes como las aguas de colonia que contienen
esencias (especialmente las que contienen bergamota y huelen a menta
o cítrico), brea de carbón utilizada para tratar la caspa
y eccemas y sustancias que se encuentran en ciertas plantas herbáceas
como el césped y el perejil. Ciertas enfermedades, como el lupus
eritematoso sistémico y la porfiria, también pueden favorecer
las reacciones de fotosensibilidad.
Algunas reacciones a la luz (erupciones polimorfas)
parecen no tener relación alguna con enfermedades ni con fármacos.
En algunas personas, incluso una breve exposición al sol causa
urticaria (placas rojas y abultadas) o eritema multiforme en las zonas
expuestas al sol. Las reacciones cutáneas a la luz son más
frecuentes en las personas de climas templados, en el momento en que
se exponen intensamente al sol por primera vez durante la primavera
o el verano; estas reacciones son muy raras en las personas expuestas
al sol durante todo el año.
Prevención y tratamiento
La extrema sensibilidad a la luz solar obliga a
usar ropa protectora, evitar el sol todo lo posible y usar filtros solares.
Una meticulosa búsqueda de alguna enfermedad, la toma de fármacos
por vía oral, o de sustancias aplicadas sobre la piel (como fármacos
o cosméticos) pueden ayudar al médico a determinar la
causa de la fotosensibilidad. Sin embargo, acertar la causa resulta
una tarea difícil y, a veces, imposible.
En ocasiones, el tratamiento prolongado con hidroxicloroquina
puede evitar las reacciones de fotosensibilidad y con frecuencia los
corticosteroides orales pueden acelerar la curación de tales
reacciones. En ciertos tipos de fotosensibilidad, el tratamiento puede
consistir en suministrar psoralenos (fármacos que sensibilizan
la piel a la luz solar) y exponerla posteriormente a los rayos UVA.
Las personas con lupus eritematoso sistémico no pueden tolerar
este tratamiento.