SECCION 17 >
INFECCIONES
CAPITULO 189
Enfermedades de transmisión sexual
Las enfermedades de transmisión sexual
(venéreas) son las que se transmiten a menudo, si no en todos
los casos, de persona a persona a través del contacto sexual.
Como la actividad sexual brinda oportunidad para
que los microorganismos encuentren nuevos huéspedes, una gran
variedad de microorganismos infecciosos pueden transmitirse de este
modo. Éstos abarcan desde virus microscópicos (por ejemplo,
el virus de la inmunodeficiencia humana) a insectos visibles (por ejemplo,
la ladilla o el piojo púbico). El contagio de algunas enfermedades
venéreas no requiere penetración genital. A pesar de que
dichas enfermedades suelen ser el resultado de las relaciones sexuales
vaginales, orales o anales con una persona infectada, ocasionalmente
pueden ser transmitidas al besar o mantener un contacto corporal estrecho.
Ciertos agentes de enfermedades de transmisión sexual pueden
ser contagiados a través de los alimentos y el agua o bien de
las transfusiones de sangre, los instrumentos médicos contaminados
o las agujas utilizadas por los adictos a las drogas.
Incidencia
Las enfermedades venéreas figuran entre las
infecciones más frecuentes del mundo. En los países occidentales,
el número de personas con estas afecciones ha aumentado de forma
estable desde la década de 1950 hasta la década de 1970,
pero por lo general se ha estabilizado en la década de 1980.
Al final de la década de 1980, sin embargo, el número
comenzó a aumentar de nuevo en muchos países, particularmente
los casos de sífilis y gonorrea.
Más de 250 millones de personas en todo el
mundo se infectan cada año con gonorrea. En cuanto a la sífilis,
las cifras indican 50 millones de personas en todo el mundo. Otras enfermedades
de transmisión sexual, como la tricomoniasis y el herpes genital,
probablemente son más frecuentes, pero como los médicos
no tienen la obligación de comunicarlas a los microorganismos
públicos, las cifras son menos fiables.
En
la actualidad, los tratamientos curan rápidamente la mayoría
de las enfermedades de transmisión sexual y evitan que se propaguen.
Sin embargo, ciertos microorganismos más antiguos, resistentes
a los medicamentos, se han diseminado ampliamente, en parte debido al
transporte aéreo. Esta movilidad fue responsable parcialmente
de la rápida propagación del virus de la inmunodeficiencia
humana (VIH).
El control de las enfermedades venéreas depende
de fomentar las prácticas sexuales seguras y brindar buenas instalaciones
médicas para su diagnóstico y tratamiento. Es fundamental
educar a las personas y explicarles cómo evitar la propagación
de estas enfermedades, especialmente fomentando el uso del preservativo.
Otro aspecto del control es la localización
del contagio. Los médicos intentan localizar y tratar a todos
los contactos sexuales de la persona infectada. Las personas que han
sido tratadas son examinadas nuevamente para tener la certeza de que
están curadas.
Clasificación
Tradicionalmente, cinco enfermedades han sido clasificadas
como de transmisión sexual: la sífilis, la gonorrea, el
chancroide, el linfogranuloma venéreo y el granuloma inguinal.
Sin embargo, muchas otras se transmiten sexualmente, incluyendo el herpes
genital, la hepatitis, el molluscum contagiosum, el piojo púbico,
la sarna, y la infección por el VIH, que produce el SIDA. Otras,
como la salmonelosis y la amebiasis, en ocasiones se transmiten durante
la actividad sexual, pero en general no se las considera enfermedades
de transmisión sexual.
Las enfermedades venéreas generalmente se
agrupan según los síntomas y signos que producen. Tanto
la sífilis, el herpes genital como el chancroide producen úlceras
(llagas) sobre la piel o las membranas que cubren la vagina o la boca.
Tanto la gonorrea como las infecciones clamidiales causan uretritis
(inflamación y secreción de la uretra) en los hombres;
cervicitis (inflamación y secreción del cérvix)
e infecciones pélvicas en las mujeres; e infecciones oculares
en los recién nacidos.
Sífilis
La sífilis es una enfermedad de transmisión
sexual causada por la bacteria Treponema pallidum.
Esta bacteria penetra en el organismo a través
de las membranas mucosas, como las de la vagina o la boca, o bien a
través de la piel. Horas después, llega cerca de los ganglios
linfáticos y luego se propaga por todo el organismo a través
de la sangre. La sífilis también puede infectar a un feto
durante el embarazo, causando defectos congénitos u otros problemas.
El número de afectados con sífilis
alcanzó su punto máximo durante la Segunda Guerra Mundial,
para luego caer de modo espectacular hasta la década de 1960
, cuando los índices comenzaron a subir nuevamente. Durante este
período, un gran número de casos de sífilis se
produjeron entre varones homosexuales. Tales cifras permanecieron relativamente
estables hasta mediados de la década de 1980, porque debido a
la epidemia de SIDA y la práctica de sexo seguro, la incidencia
entre éstos decreció. En consecuencia, el número
general de personas con sífilis también disminuyó.
Sin embargo, esta reducción fue seguida por un rápido
incremento de los casos entre los consumidores de cocaína, principalmente
entre las mujeres o sus hijos recién nacidos. Recientemente,
los programas de control han vuelto a reducir la incidencia en algunos
países desarrollados.
Una persona que ha sido curada de sífilis
no se vuelve inmune y puede volver a infectarse.
Síntomas
Los síntomas suelen comenzar de 1 a 13 semanas
después del contagio; el promedio es de 3 a 4 semanas. La infección
con Treponema pallidum pasa por varios estadios: el primario, el secundario,
el latente y el terciario. La infección puede durar muchos años
y raramente provoca lesiones cardíacas, cerebrales o la muerte.
Estadio primario
En el estadio primario, aparece una llaga o úlcera
indolora (chancro) en el sitio de infección, generalmente sobre
el pene, la vulva o la vagina. El chancro también puede aparecer
en el ano, el recto, los labios, la lengua, la garganta, el cérvix,
los dedos o, rara vez, en otras partes del cuerpo. Por lo general, se
presenta una sola llaga, pero en ocasiones pueden ser varias.
El chancro comienza como una pequeña zona
roja abultada que pronto se convierte en una llaga abierta (úlcera),
pero sigue siendo indolora. La llaga no sangra, pero al rozarla desprende
un líquido claro altamente infeccioso. Los ganglios linfáticos
cercanos suelen aumentar de tamaño, pero son indoloros. Como
la lesión produce tan pocos síntomas, suele ser ignorada.
Alrededor de la mitad de las mujeres infectadas y un tercio de los hombres
infectados no sabe que la tienen. Ésta suele curarse en 3 a 12
semanas, después de lo cual el afectado parece encontrarse perfectamente
bien.
Estadio secundario
El estadio secundario suele iniciarse con una erupción
cutánea, que suele aparecer de 6 a 12 semanas después
de la infección. Alrededor del 25 por ciento de los infectados
aún tiene una llaga que se está curando durante esta etapa.
Esta erupción puede durar poco tiempo o bien prolongarse durante
meses. Aunque la persona no reciba tratamiento, suele desaparecer. Sin
embargo, puede aparecer de nuevo semanas o meses más tarde.
En el estadio secundario, son frecuentes las úlceras
en la boca que afectan a más del 80 por ciento de los enfermos.
Alrededor del 50 por ciento presenta ganglios linfáticos inflamados
en todo el cuerpo y aproximadamente un 10 por ciento tiene inflamación
en los ojos. Esta inflamación no suele producir síntomas,
aunque, ocasionalmente, el nervio óptico se inflama y entonces
la visión se vuelve borrosa. Aproximadamente el 10 por ciento
presenta inflamación de huesos y articulaciones que produce mucho
dolor. La inflamación renal puede hacer que se encuentren proteínas
en la orina y la del hígado puede provocar ictericia. Un reducido
número de personas desarrolla una inflamación de la membrana
que recubre del cerebro (meningitis sifilítica aguda), que se
traduce en dolor de cabeza, rigidez en el cuello y en ocasiones sordera.
Ocasionalmente, aparecen formaciones algo abultadas
(condilomas planos) en las que la piel se une a una membrana mucosa,
por ejemplo, en los bordes internos de los labios y de la vulva y en
las zonas húmedas de la piel. Estas lesiones extremadamente infecciosas
pueden aplanarse y adoptar un color rosa oscuro o gris. El pelo suele
caerse a mechones, lo cual le da una apariencia apolillada. Otros síntomas
incluyen sensación de malestar (indisposición), pérdida
del apetito, náuseas, vómitos, fatiga, fiebre y anemia.
Estadio latente
Una vez que la persona se ha recuperado del estadio
secundario, la enfermedad entra en un estadio latente en el que no se
producen síntomas. Esta etapa puede durar años o décadas
o durante el resto de la vida. Durante la primera parte del estadio
latente, a veces recurren las llagas infecciosas.
Estadio terciario
Durante la tercera etapa (estadio terciario), la
sífilis no es contagiosa. Los síntomas oscilan entre leves
y devastadores. Pueden aparecer tres tipos principales de síntomas:
sífilis terciaria benigna, sífilis cardiovascular y neurosífilis.
La sífilis terciaria benigna es muy rara
en la actualidad. En varios órganos aparecen bultos llamados
gomas, que crecen lentamente, se curan de forma gradual y dejan cicatrices.
Estas lesiones pueden aparecer en casi todo el cuerpo, pero son más
frecuentes en la pierna justo debajo de la rodilla, la parte superior
del tronco y el cuero cabelludo. Los huesos pueden resultar afectados,
provocando un dolor profundo y penetrante que suele empeorar durante
la noche.
La sífilis cardiovascular suele aparecer
de 10 a 25 años después de la infección inicial.
El enfermo puede desarrollar un aneurisma (debilitamiento y dilatación)
de la aorta (la principal arteria que sale del corazón) o insuficiencia
de la válvula aórtica. Estos trastornos pueden producir
dolor de pecho, insuficiencia cardíaca o la muerte.
La neurosífilis (sífilis del sistema
nervioso) afecta a alrededor del 5 por ciento de todos los sifilíticos
no tratados. Las tres clases principales son neurosífilis meningovascular,
neurosífilis parética y neurosífilis tabética.
Diagnóstico
El médico sospecha que una persona tiene
sífilis a partir de sus síntomas. El diagnóstico
definitivo se basa en los resultados de las pruebas de laboratorio y
la exploración física.
Se utilizan dos tipos de análisis de sangre.
El primero es un análisis de control, como la llamada VDRL (laboratorio
de investigación de enfermedades venéreas) o el RPR (reargina
rápida del plasma). Dichos análisis son fáciles
de hacer y no resultan costosos. En ciertos casos dan resultados falsos
positivos, pero tienen la ventaja de negativizarse cuando se repiten
después de un tratamiento correcto. Es posible que el médico
necesite repetir este tipo de pruebas porque los resultados pueden ser
negativos en las primeras semanas de sífilis primaria. El segundo
tipo de análisis de sangre, que es más exacto, detecta
anticuerpos contra la bacteria que produce sífilis; sin embargo,
una vez que se obtiene un resultado positivo, los subsiguientes siempre
serán positivos, incluso después de un tratamiento exitoso.
Una de estas pruebas, llamada FTA-ABS, se utiliza para confirmar que
el resultado positivo de un análisis de control realmente esté
causado por la sífilis.

En los estadios primario o secundario, es posible
diagnosticar la enfermedad tomando una muestra de líquido de
una llaga de la piel o la boca e identificando las bacterias al microscopio.
También se puede utilizar el análisis de anticuerpos realizado
sobre una muestra de sangre. Para la neurosífilis se efectúa
una punción lumbar para realizar un análisis de anticuerpos.
En el estadio latente, la sífilis se diagnostica sólo
mediante pruebas de anticuerpos realizadas con muestras de sangre y
líquido espinal. En el estadio terciario, se diagnostica a partir
de los síntomas y el resultado de un análisis de anticuerpos.
Tratamiento y pronóstico
Debido a que las personas con sífilis en
los estadios primario o secundario transmiten la infección, deben
evitar el contacto sexual hasta que ellas y sus parejas sexuales hayan
completado el tratamiento. En el caso de sífilis en estadio primario,
todas las personas con las que hayan mantenido relaciones sexuales en
los 3 meses anteriores corren peligro. Con sífilis en estadio
secundario, todas las parejas sexuales del último año
pueden haberse contagiado. Estas personas necesitan ser controladas
con un análisis de anticuerpos y, si el resultado es positivo,
deben recibir tratamiento.
La penicilina, que en general es el mejor antibiótico
para todos los estadios de la sífilis, suele administrarse por
vía intramuscular durante el estadio primario, aplicándose
en cada nalga sólo una vez. En casos de sífilis en estadio
secundario, se aplican dos inyecciones adicionales con intervalos de
una semana. La penicilina también se utiliza en casos de sífilis
latente y en estadio terciario, a pesar de que puede ser necesario un
tratamiento intravenoso más intenso. Las personas alérgicas
a la penicilina pueden recibir doxiciclina o tetraciclina oral durante
2 a 4 semanas.
Más de la mitad de las personas con sífilis
en sus primeros estadios, especialmente en el estadio secundario, desarrolla
una reacción (llamada reacción de Jarisch-Herxheimer)
de 2 a 12 horas después del primer tratamiento. Se cree que ésta
es el resultado de la muerte repentina de millones de bacterias. Los
síntomas incluyen: sensación de malestar general, fiebre,
dolor de cabeza, sudoración, escalofríos con temblores
y un empeoramiento temporal de las llagas sifilíticas. En raras
ocasiones, las personas con neurosífilis pueden tener convulsiones
o sufrir parálisis.
Las personas con sífilis en estadios latente
o terciario deben ser examinadas con intervalos regulares una vez finalizado
el tratamiento. Los resultados de los análisis de anticuerpos
suelen ser positivos durante muchos años, a veces durante toda
la vida. Éstos no indican que exista una nueva infección.
También se realizan otras pruebas para verificar que no existan
nuevas infecciones.
Después del tratamiento, el pronóstico
para los estadios primario, secundario y latente de la sífilis
es excelente. Pero el pronóstico es malo en los casos de sífilis
terciaria que afecte al cerebro o al corazón, ya que las lesiones
existentes por lo general son irreversibles.
Gonorrea
La gonorrea es una enfermedad de transmisión
sexual causada por la bacteria Neisseria gonorrhoeae que infecta el
revestimiento mucoso de la uretra, el cérvix, el recto y la garganta
o la membrana blanca (la conjuntiva) de los ojos.
La bacteria puede propagarse a través del
flujo sanguíneo hacia otras partes del cuerpo, especialmente
la piel y las extremidades. En las mujeres, puede ascender por el tracto
genital para infectar las membranas que se encuentran dentro de la pelvis,
causando dolor pélvico y problemas reproductivos.
Síntomas
En los hombres, los primeros síntomas suelen
aparecer de 2 a 7 días después de la infección.
Comienzan con una ligera molestia en la uretra, seguida, a las pocas
horas, de un dolor leve o intenso al orinar y una secreción de
pus proveniente del pene. El hombre tiene una necesidad imperiosa y
frecuente de orinar, que empeora a medida que la enfermedad se extiende
a la parte superior de la uretra. El orificio del pene puede adoptar
un color rojizo e hincharse.
En
las mujeres, los primeros síntomas suelen aparecer entre 7 y
21 días después de la infección. Las mujeres infectadas
no suelen presentar síntomas durante semanas o meses y la enfermedad
se descubre sólo después de que a su pareja masculina
se le diagnostica la misma y ella es examinada por haber estado en contacto
con él. Si aparecen síntomas, suelen ser leves. Sin embargo,
algunas mujeres tienen síntomas graves, como una frecuente necesidad
de orinar, dolor al orinar, secreción vaginal y fiebre. El cérvix,
el útero, las trompas de Falopio, los ovarios, la uretra y el
recto pueden resultar infectados y provocar un gran dolor pélvico
o molestias durante el coito. El pus, que aparentemente proviene de
la vagina, puede provenir del cérvix, de la uretra o de las glándulas
próximas al orificio vaginal.
Las mujeres y los varones homosexuales que mantienen
relaciones sexuales por vía anal pueden contraer gonorrea rectal.
La enfermedad puede causar malestar alrededor del ano y secreciones
provenientes del recto. La zona que rodea el ano se enrojece y queda
en carne viva, mientras que las heces se cubren de mucosidad y pus.
Cuando el médico examina el recto con un anoscopio (tubo de visualización),
es posible distinguir moco y pus sobre la pared del mismo.
El sexo oral con una persona infectada puede producir
gonorrea de garganta (faringitis gonocócica). Por lo general,
la infección no provoca síntomas, pero en ciertos casos
produce dolor de garganta y malestar al tragar.
Si los humores infectados entran en contacto con
los ojos, puede producirse una infección externa del ojo (conjuntivitis
gonorreica). Los recién nacidos pueden infectarse con gonorrea
a través de su madre en el momento del parto, lo que les provoca
hinchazón de ambos párpados y una descarga de pus proveniente
de los ojos. En los adultos suelen producirse los mismos síntomas,
pero por lo general sólo un ojo resulta afectado. Si la infección
no recibe tratamiento puede derivar en ceguera.
La infección vaginal en las niñas
pequeñas y jóvenes suele ser el resultado de un abuso
sexual por parte de adultos, pero en raras ocasiones se produce por
manipular artículos del hogar infectados. Los síntomas
incluyen irritación, enrojecimiento e inflamación de la
vulva, con secreción de pus proveniente de la vagina. La niña
suele padecer molestias en la zona vaginal o sentir dolor al orinar.
El recto también puede resultar inflamado y las secreciones pueden
manchar su ropa interior.
Diagnóstico
El diagnóstico se realiza de inmediato al
identificar la bacteria (gonococo) al microscopio. En más del
90 por ciento de los hombres infectados, se diagnostica con una muestra
de secreción uretral. Sin embargo, este diagnóstico puede
establecerse sólo en el 60 por ciento de las mujeres infectadas
utilizando una muestra de la secreción cervical. Si no se descubren
bacterias al microscopio, esta secreción es enviada al laboratorio
para su cultivo.
Si el médico sospecha que existe una infección
de garganta o recto, se toman muestras de esas zonas para realizar un
cultivo. A pesar de que no existe un análisis de sangre para
detectar gonorrea, es posible tomar una muestra de sangre para diagnosticar
si la persona también tiene sífilis o infección
causada por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Algunas personas
tienen más de una enfermedad de transmisión sexual.
Tratamiento
La gonorrea suele tratarse con una sola dosis de
ceftriaxona intramuscular o bien con una semana de antibióticos
orales (por lo general doxiciclina). Si la gonorrea se ha dispersado
a través del flujo sanguíneo, el enfermo recibe habitualmente
tratamiento en un hospital, a menudo con antibióticos intravenosos.
Debido a que la infección con Chlamydia es frecuente tanto en
los hombres como en las mujeres con gonorrea, es difícil de diagnosticar,
los pacientes reciben un tratamiento de una semana con doxiciclina o
tetraciclina o bien una dosis única de azitromicina, otro antibiótico
de acción prolongada.
Si los síntomas recurren o persisten al final
del tratamiento, se pueden obtener especímenes para su cultivo
con el fin de asegurarse de que el paciente esté curado. En los
hombres los síntomas de uretritis pueden recurrir, causando una
enfermedad llamada uretritis posgonocócica. Está casi
siempre causada por Chlamydia y otros microorganismos que no responden
al tratamiento con ceftriaxona y se produce particularmente en pacientes
que no siguen el plan de tratamiento.
Chancroide
El chancroide es una enfermedad de transmisión
sexual causada por la bacteria Hemophilus ducreyi que produce úlceras
genitales dolorosas y persistentes.
A pesar de que fue una enfermedad rara, el número
de casos de chancroide se ha incrementado en los últimos tiempos.
Una persona con una úlcera de chancroide tiene más probabilidades
de infectarse con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) si resulta
expuesta a él.
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas comienzan de 3 a 7 días
después de la infección. Las pequeñas y dolorosas
ampollas localizadas en los genitales o alrededor del ano se rompen
rápidamente para formar úlceras superficiales. Éstas
pueden aumentar de tamaño y unirse entre sí. Los ganglios
linfáticos de la ingle pueden volverse muy sensibles, aumentar
de tamaño y fusionarse, formando un absceso (acumulación
de pus). La piel que cubre dicho absceso puede adoptar un color rojo
y de aspecto brillante y probablemente se rompa, lo que produce una
descarga de pus sobre la piel.
El diagnóstico del chancroide se basa en
su aspecto clínico y en los resultados de los análisis
de otras causas de úlcera. El hecho de tomar una muestra de pus
de una lesión y cultivar la bacteria, procedimiento técnicamente
difícil, puede ayudar al médico en el diagnóstico.
Tratamiento
Al enfermo se le inyecta un antibiótico,
ceftriaxona o eritromicina, cada 6 horas durante al menos 7 días.
Con una jeringa se elimina el pus acumulado en un ganglio linfático
inflamado.
El paciente con chancroide es controlado por el
médico durante al menos 3 meses para tener la certeza de que
la infección esté curada. En la medida de lo posible,
se localiza a todas las parejas sexuales de la persona, para que puedan
ser examinadas y tratadas si fuese necesario.
Linfogranuloma venéreo
El linfogranuloma venéreo es una enfermedad
de transmisión sexual causada por Chlamydia trachomatis, una
bacteria de crecimiento intracelular.
El linfogranuloma venéreo es causado por
variedades de Chlamydia trachomatis diferentes de las que provocan inflamación
de la uretra (uretritis) y el cérvix (cervicitis). Éste
se produce generalmente en las zonas tropicales y subtropicales.
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas comienzan aproximadamente de
3 a 12 días después de la infección. En el pene
o la vagina aparece una pequeña ampolla indolora llena de líquido.
Por lo general, ésta se convierte en una úlcera que se
cura rápidamente y suele pasar inadvertida. A continuación,
los ganglios linfáticos de la ingle de uno o ambos lados pueden
aumentar de tamaño y sensibilizarse al tacto. La piel que cubre
la zona infectada adquiere una temperatura más elevada y se torna
rojiza. Si no se trata, pueden aparecer orificios (fístulas)
en la piel que los cubre. Estos orificios descargan pus o líquido
sanguinolento y generalmente se curan, pero pueden dejar una cicatriz
y recurrir. Otros síntomas incluyen fiebre, malestar, dolor de
cabeza y de las articulaciones, falta de apetito y vómitos, dolor
de espalda y una infección del recto que produce secreciones
purulentas manchadas de sangre.
Tras episodios prolongados o repetidos, los vasos
linfáticos pueden obstruirse y ello hace que el tejido se inflame.
La infección rectal ocasionalmente causa unas cicatrizaciones
que derivan en un estrechamiento del recto.
El médico sospecha la enfermedad basándose
en sus síntomas característicos. El diagnóstico
puede ser confirmado mediante un análisis de sangre que identifique
anticuerpos contra la Chlamydia trachomatis.
Tratamiento
Si se inicia al comienzo de la enfermedad, el tratamiento
con doxiciclina, eritromicina o tetraciclina oral durante 3 semanas
produce una rápida curación. Posteriormente, el médico
debe comprobar regularmente que la infección esté curada.
Además, se hace lo posible por identificar a todos los contactos
sexuales de la persona infectada para que también sean examinados
y tratados.
Granuloma inguinal
El granuloma inguinal es una enfermedad causada
por la bacteria Calymmatobacterium granulomatis que ocasiona una inflamación
crónica de los genitales.
El granuloma inguinal es raro en climas templados,
pero frecuente en algunas zonas tropicales y subtropicales.
Síntomas y diagnóstico
La sintomatología se inicia de 1 a 12 semanas
después de la infección. El primer síntoma es un
nódulo indoloro y de color rojizo que lentamente se convierte
en una masa redondeada. Los puntos de infección incluyen el pene,
el escroto, la ingle y los muslos en los hombres. La vulva, la vagina
y las áreas de piel circundantes en las mujeres. Tanto en los
hombres como en las mujeres, el ano, las nalgas y el rostro pueden resultar
afectados. Finalmente, las masas pueden llegar a cubrir los genitales.
La curación es lenta y deja cicatrices. Por lo general, los nódulos
se sobreinfectan. Si el granuloma inguinal no recibe tratamiento, la
infección puede extenderse por todo el cuerpo hasta los huesos,
las articulaciones o el hígado, causando una marcada pérdida
de peso, fiebre y anemia.
El diagnóstico se establece a partir de las
características masas rojas y brillantes que presenta el enfermo.
El examen al microscopio de especímenes extraídos del
borde de estas protuberancias puede confirmar el diagnóstico.
Tratamiento
Puede administrarse cualquiera de los siguientes
antibióticos: estreptomicina, tetraciclina, eritromicina, cloranfenicol
y trimetoprim-sulfametoxazol. Durante los 6 meses posteriores al tratamiento,
el paciente debe ser controlado para tener certeza de que la infección
se ha curado.
Uretritis no gonocócica y cervicitis clamidial
La uretritis no gonocócica y la cervicitis
clamidial son enfermedades de transmisión sexual causadas por
Chlamydia trachomatis o (en los hombres) Ureaplasma urealyticum, si
bien en ocasiones la provocan el Trichomonas vaginalis o el virus del
herpes simple.
Estas
infecciones reciben el nombre de no gonocócicas para
indicar que no son causadas por Neisseria gonorrhoeae, la bacteria que
produce gonorrea. La Chlamydia trachomatis produce alrededor del 50
por ciento de las infecciones uretrales masculinas no gonorreicas y
la mayoría de las infecciones con formación de pus que
afectan a las mujeres y que no son causadas por la gonorrea. Los casos
restantes de uretritis son, generalmente, causados por Ureaplasma urealyticum,
una bacteria similar al micoplasma.
Chlamydia es el nombre de pequeñas bacterias
que sólo se reproducen dentro de las células. Los ureaplasmas
son diminutas bacterias que carecen de una rígida pared celular
pero pueden reproducirse fuera de las células.
Síntomas y diagnóstico
Por lo general entre 4 y 28 días después
del contacto sexual con una persona infectada, un hombre infectado siente
una leve sensación de quemazón en la uretra mientras orina.
Generalmente, el pene produce una secreción. Ésta puede
ser clara o turbia, pero habitualmente menos espesa que la causada por
la gonorrea. A primera hora de la mañana, el orificio del pene
suele tener una coloración rojiza y sus bordes están pegados
debido a las secreciones secas. En ocasiones, la enfermedad comienza
de forma más brusca. El hombre siente dolor al orinar, necesita
hacerlo con frecuencia y tiene secreciones de pus provenientes de la
uretra.
A pesar de que, por lo general, las mujeres infectadas
con Chlamydia no tienen síntomas, algunas experimentan una frecuente
necesidad de orinar, dolor al hacerlo, dolor en la parte inferior del
abdomen y durante el coito, y secreciones de mucosidad amarillenta y
pus vaginales.
El sexo anal u oral con una persona infectada puede
causar una infección del recto o la garganta. Estas infecciones
suelen producir dolor y una descarga amarillenta de pus y moco.
En la mayoría de los casos, es posible diagnosticar
una infección con Chlamydia trachomatis al examinar una secreción
uretral o del cérvix en un laboratorio. Las infecciones por Ureaplasma
urealyticum no se diagnostican específicamente en chequeos médicos
rutinarios. Debido a que es difícil realizar un cultivo y las
demás técnicas resultan costosas, el diagnóstico
de infecciones por Chlamydia o Ureaplasma suele ser una suposición
hayada en los síntomas característicos, junto con evidencia
que demuestre la ausencia de gonorrea.
Complicaciones y pronóstico
Si una infección causada por Chlamydia trachomatis
no recibe tratamiento, los síntomas desaparecen a las 4 semanas
en alrededor del 60 o 70 por ciento de las personas. Sin embargo, una
infección clamidial puede causar varias complicaciones. No se
sabe con certeza si el Ureaplasma tiene algo que ver con éstas.
Si no recibe tratamiento, una infección clamidial
en las mujeres suele ascender hasta las trompas de Falopio, donde la
inflamación causa dolor y la cicatrización puede producir
infertilidad o un embarazo ectópico. Estas últimas complicaciones
ocasionalmente tienen lugar en ausencia de síntomas previos y
producen un considerable sufrimiento y costo médico. En los hombres,
la Chlamydia puede causar epididimitis, provocando una dolorosa inflamación
del escroto en uno o ambos lados.
Tratamiento
Las infecciones clamidiales y ureaplásmicas
suelen ser tratadas con tetraciclina o doxiciclina administradas por
vía oral durante al menos 7 días, o bien con una sola
dosis de azitromicina. Las mujeres embarazadas no deben tomar tetraciclina.
En alrededor del 20 por ciento de las personas, la infección
recurre después del tratamiento. Entonces éste se repite
por un período más extenso.
Las personas infectadas que tienen relaciones sexuales
antes de completar el tratamiento pueden infectar a sus parejas. En
consecuencia, en la medida de lo posible dichas parejas son tratadas
simultáneamente.
Tricomoniasis
La tricomoniasis es una enfermedad de transmisión
sexual de la vagina o la uretra, causada por Trichomonas vaginalis,
un organismo unicelular con una cola similar a un látigo.
A pesar de que el Trichomonas vaginalis puede infectar
el tracto genitourinario tanto de los hombres como de las mujeres, los
síntomas son más frecuentes entre las mujeres. Alrededor
del 20 por ciento de ellas experimenta tricomoniasis vaginal durante
sus años reproductivos.
En los hombres, el organismo infecta la uretra,
la próstata y la vejiga, pero sólo rara vez produce síntomas.
En algunas poblaciones, los Trichomonas pueden ser responsables del
5 al 10 por ciento de todos los casos de uretritis no gonocócica.
El organismo es más difícil de detectar en los hombres
que en las mujeres.
Síntomas
En las mujeres, la enfermedad suele comenzar con
una secreción espumosa de color verde amarillento proveniente
de la vagina. En algunas, dicha secreción suele ser leve. La
vulva (los órganos genitales femeninos externos) puede estar
irritada y dolorida y es posible que el coito produzca también
dolor. En los casos graves, la vulva y la piel que la rodea se inflaman,
al igual que los labios. Los síntomas son dolor al orinar o un
aumento en la frecuencia de la micción, que se asemejan a los
de una infección de vejiga.
Los hombres con tricomoniasis no suelen presentar
síntomas pero pueden infectar a sus parejas sexuales. Algunos
presentan una secreción proveniente de la uretra que es espumosa
y similar al pus, sienten dolor al orinar y necesitan hacerlo con frecuencia.
Dichos síntomas suelen tener lugar temprano por las mañanas.
La uretra puede sufrir una leve irritación y en ocasiones aparece
humedad en el orificio del pene. La infección del epidídimo,
que causa dolor testicular, es muy poco frecuente. La próstata
también puede infectarse, pero el papel de los Trichomonas no
es muy claro. Estas infecciones son las únicas complicaciones
conocidas de la tricomoniasis en los hombres.
Diagnóstico
En el caso de las mujeres, el diagnóstico
generalmente se establece en cuestión de minutos examinando una
muestra de secreción vaginal al microscopio. También suelen
realizarse análisis para otras enfermedades de transmisión
sexual.
En los hombres, las secreciones provenientes del
extremo del pene deben recolectarse por la mañana antes de orinar.
Éstas se examinan al microscopio y se envía una muestra
al laboratorio para su cultivo. Un cultivo de orina también resulta
útil, porque es más probable que detecte Trichomonas que
no se encontraron en el examen al microscopio.
Tratamiento
Una sola dosis de metronidazol oral cura hasta el
95 por ciento de las mujeres infectadas, siempre y cuando sus parejas
sexuales reciban tratamiento simultáneamente. Como no se sabe
con certeza si una sola dosis es eficaz en los varones, se les suele
tratar durante 7 días.
Si se administra con alcohol, el metronidazol puede
causar náuseas y enrojecimiento de la piel, así como una
disminución en el número de glóbulos blancos y,
en las mujeres, una mayor susceptibilidad a las infecciones vaginales
por levaduras (candidiasis genital). Probablemente sea mejor evitar
el metronidazol durante el embarazo, al menos durante los 3 primeros
meses. Las personas infectadas que mantienen relaciones sexuales antes
de que la infección se cure probablemente contagien a sus parejas.
Candidiasis genital
La candidiasis genital es una infección producida
por una levadura (hongo) que afecta a la vagina o al pene; comúnmente
es conocida como afta y está causada por Candida albicans.
El hongo Candida normalmente reside en la piel o
en los intestinos. Desde estas zonas se puede propagar hasta los genitales.
La Candida no suele ser transmitida sexualmente.
Es una causa muy frecuente de vaginitis. La candidiasis
genital se ha vuelto muy frecuente, principalmente debido al uso cada
vez mayor de antibióticos, contraceptivos orales y otros fármacos
que modifican las condiciones de la vagina de un modo que favorece el
crecimiento del hongo. La candidiasis es más frecuente entre
las mujeres embarazadas o que están menstruando y en las diabéticas.
Con mucha menos frecuencia, el uso de fármacos (como los corticosteroides
o la quimioterapia contra el cáncer) y la presencia de enfermedades
que suprimen el sistema inmunitario (como el SIDA) pueden facilitar
la infección.
Síntomas y diagnóstico
Las mujeres con candidiasis genital suelen tener
prurito o irritación en la vagina y la vulva y ocasionalmente
una secreción vaginal. La irritación suele ser muy molesta,
pero la secreción es ligera. La vulva puede enrojecer e inflamarse.
La piel puede estar en carne viva y en ciertos casos se agrieta. La
pared vaginal se cubre de un material similar al queso blanco, pero
puede tener un aspecto normal.
Los hombres no suelen presentar sintomatología,
pero el extremo del pene (el glande) y el prepucio (en los varones no
circuncidados) en ocasiones se irrita y duele, especialmente después
del coito. A veces aparece una pequeña secreción proveniente
del pene. El extremo de éste y el prepucio pueden adoptar un
color rojizo, presentar pequeñas ulceraciones o ampollas costrosas
y estar cubiertos de un material similar al queso blanco.
Un diagnóstico inmediato es posible tomando
muestras de la vagina o el pene y examinándolas al microscopio.
Éstas también pueden ser cultivadas.
Tratamiento
En las mujeres, la candidiasis se trata lavando
la vagina con agua y jabón, secándola con una toalla limpia
y luego aplicando una crema antimicótica que contenga clotrimazol,
miconazol, butoconazol o tioconazol y terconazol. Alternativamente,
se administra ketoconazol, fluconazol o itraconazol por vía oral.
En los hombres, el pene (y el prepucio en los no circuncidados) debe
ser lavado y secado antes de colocar una crema antimicótica (que
contenga, por ejemplo, nistatina).
En ciertos casos, las mujeres que ingieren contraceptivos
orales deben dejar de usarlos varios meses durante el tratamiento de
la candidiasis vaginal, porque pueden empeorar la infección.
Ciertas mujeres que corren riesgo de contraer candidiasis vaginal, como
las inmunodeprimidas, o han tomado antibióticos durante mucho
tiempo, pueden necesitar un fármaco antimicótico u otra
terapia de prevención.
Herpes
genital
El herpes genital es una enfermedad de transmisión
sexual de la zona genital (la piel que rodea el recto o las áreas
adyacentes), causada por el virus del herpes simple.
Existen dos tipos de virus del herpes simple, llamados
VHS-1 y VHS-2. El VHS-2 suele transmitirse por la vía sexual,
mientras que el VHS-1 por lo general infecta la boca. Ambos tipos de
virus pueden infectar los genitales, la piel que rodea el recto o las
manos (especialmente los lechos de las uñas) y pueden ser transmitidos
a otras partes del cuerpo (como la superficie de los ojos). Las úlceras
herpéticas no suelen infectarse con bacterias, pero algunas personas
con herpes también tienen dentro de úlceras otros microorganismos
transmitidos por vía sexual, como por ejemplo los de la sífilis
o el chancroide.
Síntomas
Los síntomas del primer brote (primario)
se inician de 4 a 7 días después de la infección.
Suelen ser prurito, hormigueo y molestias. Luego aparece una pequeña
placa enrojecida, seguida de un grupo de pequeñas y dolorosas
ampollas. Éstas se rompen y fusionan hasta formar úlceras
circulares, que por lo general son dolorosas y a los pocos días
se cubren de costras. El afectado puede tener dificultades para orinar
y en ciertos casos siente dolor al caminar. Las úlceras se curan
en aproximadamente 10 días, pero pueden dejar cicatrices. Los
ganglios linfáticos de la ingle suelen aumentar levemente de
tamaño y presentan sensibilidad al tacto. El primer brote es
más doloroso, prolongado y generalizado que los subsiguientes,
pudiendo causar fiebre y malestar.
En los hombres, las ampollas y las úlceras
pueden aparecer en cualquier parte del pene, incluyendo el prepucio
si no está circuncidado. En las mujeres, aparecen en la vulva,
dentro y alrededor de la vagina y en el cérvix. Quienes tienen
relaciones sexuales anales pueden presentar dichas lesiones alrededor
del ano o en el recto.
En los inmunodeficientes, como los infectados con
el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), las úlceras del
herpes pueden ser graves, propagarse a otras áreas del cuerpo,
persistir durante semanas o más y, en raras ocasiones, volverse
resistentes al tratamiento con aciclovir.
Las lesiones tienden a recurrir en las mismas zonas
o en otras adyacentes, porque el virus persiste en los nervios pélvicos
cercanos y se reactiva para reinfectar la piel. El VSH-2 se reactiva
mejor en los nervios pélvicos. El VSH-1 se reactiva mejor en
los nervios faciales, donde causa herpes febril o herpes labial. De
todas formas, cualquiera de los dos virus puede causar enfermedad en
ambas áreas. Una infección previa con uno de estos virus
brinda una inmunidad parcial al otro, haciendo que los síntomas
del segundo sean más leves.
Diagnóstico
El médico sospecha la presencia de herpes
basándose en los síntomas del paciente. Es posible establecer
un diagnóstico de inmediato examinando muestras de las úlceras
al microscopio. Para confirmación, se envían muestras
de las mismas para su cultivo a laboratorios especiales. Los resultados
están disponibles en un plazo de 48 horas. Los análisis
de sangre pueden mostrar una evidencia de infecciones pasadas o bien
sugerir que existe una reciente, si se comprueba que los anticuerpos
están aumentando.
Tratamiento
Ningún tratamiento cura el herpes genital,
pero puede reducir la duración de un brote. El número
de éstos puede reducirse aplicando una terapia continua con bajas
dosis de fármacos antivíricos. El tratamiento es más
eficaz si se inicia rápidamente, en general 2 días después
de la aparición de los síntomas. El aciclovir o los fármacos
antivíricos relacionados pueden ser administrados por vía
oral, o bien en forma de crema directamente sobre las lesiones. Los
antivíricos reducen la propagación del virus vivo a partir
de las lesiones, reduciendo de esta forma el riesgo de contagio. También
pueden reducir la gravedad de los síntomas durante el brote inicial.
Sin embargo, incluso el tratamiento precoz del primer ataque no evita
las recurrencias.
Los pacientes con historia de herpes pueden contagiar
a sus parejas sexuales incluso aunque no se den cuenta de que están
pasando por otro brote.
Verrugas genitales
Las verrugas genitales (Condylomata acuminata) son
lesiones localizadas en o alrededor de la vagina, el pene o el recto,
causadas por papilomavirus transmitidos sexualmente.
Dichas verrugas son frecuentes y causan preocupación
porque tienen un aspecto repulsivo; pueden sobreinfectarse con bacterias
y quizás indiquen que el sistema inmunológico no funciona
bien. En las mujeres, los papilomavirus tipos 16 y 18, que afectan al
cérvix pero no forman verrugas en los genitales externos, pueden
causar cáncer cervical. Éste y otros tipos de papilomavirus
pueden generar displasia intraepitelial cervical (indicado por un resultado
anormal en un frotis de Papanicolau) o cáncer de vagina, vulva,
ano, pene, boca, garganta o esófago.
Síntomas y diagnóstico
Estas lesiones suelen formarse en las superficies
húmedas y cálidas del cuerpo. En los hombres, las zonas
más frecuentes son la cabeza y el cuerpo del pene y debajo del
prepucio (si el pene no ha sido circuncidado). En las mujeres, se producen
en la vulva, la pared vaginal, el cérvix y la piel que rodea
el área vaginal. Las verrugas genitales pueden aparecer en la
zona que rodea el ano y en el recto, especialmente en los varones homosexuales
y en las mujeres que practican sexo anal.
Las verrugas generalmente aparecen de 1 a 6 meses
después de la infección y comienzan como diminutas protuberancias
blandas, húmedas de color rosado o rojo. Crecen rápidamente
y pueden desarrollar pedúnculos. En la misma zona suelen aparecer
numerosas verrugas y sus superficies ásperas les confieren la
apariencia de una pequeña coliflor. Pueden crecer rápidamente
en las mujeres embarazadas, en los inmuno-deprimidos (por ejemplo, porque
están enfermos de SIDA o porque realizan un tratamiento con fármacos
inmunosupresores) y en los que presentan inflamación en la piel.
| Condilomas acuminados |
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Estas lesiones genitales suelen ser diagnosticadas
por su apariencia. Sin embargo, pueden ser confundidas con las úlceras
que aparecen en el segundo estadio de la sífilis. Las verrugas
de aspecto extraño o persistentes pueden ser extraídas
quirúrgicamente y analizadas al microscopio para tener la certeza
de que no son cancerosas. Las mujeres que tienen verrugas en el cérvix
deberían realizarse frotis de Papanicolau regularmente.
Tratamiento
Ningún tratamiento es completamente satisfactorio.
Las verrugas genitales se pueden eliminar con láser, crioterapia
(congelamiento) o cirugía utilizando anestesia local. Los tratamientos
con sustancias químicas, como resina podófila o toxina
purificada o ácido tricloroacético, se aplican directamente
sobre las verrugas. Sin embargo, este sistema supone realizar varias
aplicaciones durante semanas o meses, suele quemar la piel circundante
y falla con bastante frecuencia.
Las verrugas en la uretra se tratan con fármacos
anticancerosos, como tiotepa o fluorouracilo. Alternativamente, éstas
pueden ser eliminadas de la uretra mediante una cirugía endoscópica
(un procedimiento en el cual se utiliza un tubo de visualización
flexible con accesorios quirúrgicos). En la actualidad se está
estudiando aplicar inyecciones de alfa-interferón directamente
en la verruga como un posible tratamiento, pero aún se desconoce
su utilidad.
Las verrugas genitales recurren con frecuencia y
necesitan nuevo tratamiento. En los hombres, la circuncisión
ayudará a evitar las recurrencias. Todas las parejas sexuales
deben ser examinadas y tratadas, si fuese necesario.
Infecciones intestinales de transmisión sexual
Diversas bacterias (Shigella, Campylobacter y Salmonella),
virus (hepatitis A) y parásitos (Giardia y otras amebas) causantes
de infecciones intestinales pueden ser transmitidas sexualmente, en
particular a través de actividades en las cuales la boca entra
en contacto con los genitales o el ano. Los síntomas son típicamente
los del organismo específico transmitido y muchos pueden causar
una combinación de diarrea, fiebre, abotagamiento, náuseas
y vómitos, dolor abdominal e ictericia. Las infecciones recurren
con frecuencia, especialmente entre los varones homosexuales con muchas
parejas sexuales. Algunas infecciones no dan síntomas.