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TRASTORNOS DE LA NUTRICION Y DEL METABOLISMO
CAPITULO 134
Malnutrición
La malnutrición puede ser el resultado
de una disminución de la ingestión (desnutrición)
o de un aporte excesivo (hipernutrición). Ambas condiciones son
el resultado de un desequilibrio entre las necesidades corporales y
el consumo de nutrientes esenciales.
La desnutrición, una deficiencia de nutrientes
esenciales, resulta de una ingestión inadecuada debido a una
dieta pobre o a un defecto de absorción en el intestino (malabsorción);
a un uso anormalmente alto de nutrientes por parte del cuerpo; o a una
pérdida anormal de nutrientes por diarrea, pérdida de
sangre (hemorragia), insuficiencia renal o bien, sudor excesivo. La
hipernutrición, un exceso de nutrientes esenciales, puede ser
el resultado de una ingestión excesiva, abuso de vitaminas u
otros suplementos o de sedentarismo en exceso.
La
desnutrición se desarrolla por etapas. Al principio, los cambios
se producen en los valores de nutrientes en la sangre y en los tejidos,
luego suceden cambios en los valores enzimáticos, seguidamente
aparece una disfunción de órganos y tejidos y, finalmente,
se manifiestan los síntomas de enfermedad y se produce la muerte.
El organismo necesita más nutrientes durante
ciertas etapas de la vida, particularmente en la infancia, en la niñez
temprana y en la adolescencia, durante el embarazo y durante la lactancia.
En la vejez, las necesidades nutricionales son menores, pero la capacidad
para absorber los nutrientes está también reducida. Por
tanto, el riesgo de desnutrición es mayor en estas etapas de
la vida, y aún más entre los indigentes.
Valoración del estado nutricional
Para determinar el estado nutricional, el médico
pregunta sobre los regímenes alimentarios y problemas de salud,
realiza una exploración física y efectúa análisis
de los valores de nutrientes en la sangre y de sustancias que dependen
de estos valores (como hemoglobina, hormona tiroidea y transferrina).
Para determinar los antecedentes del régimen
alimentario de una persona, el médico pregunta qué alimentos
fueron ingeridos en las últimas 24 horas y qué tipo de
alimento toma habitualmente. Puede solicitar también que el paciente
anote todos los alimentos que ingiera durante 3 días. En la exploración
física, el médico observa la apariencia general y la conducta
de la persona así como la distribución de la grasa corporal
y el funcionamiento de los diversos órganos del cuerpo.
Las deficiencias nutricionales pueden causar varios
problemas médicos. Por ejemplo, una hemorragia gastrointestinal
puede causar una anemia por deficiencia de hierro. Una persona que está
siendo tratada con altas dosis de vitamina A por acné, puede
desarrollar dolor de cabeza y visión doble como resultado de
la toxicidad de dicha vitamina. Cualquier sistema del organismo puede
ser afectado por un trastorno nutricional.
Por ejemplo, el sistema nervioso se afecta por deficiencia
de la niacina (pelagra), por el beriberi, por la deficiencia o exceso
de vitamina B6 (piridoxina) y por la deficiencia de vitamina B12.
El gusto y el olfato son afectados por la deficiencia
de zinc. El sistema cardiovascular es afectado por el beriberi, la obesidad,
una dieta con gran cantidad de grasas que conduce a la hipercolesterolemia
y enfermedad coronaria arterial; y por una dieta donde se use mucha
sal, que conlleva hipertensión arterial.
La
pelagra, la deficiencia de ácido fólico y el alcoholismo
influyen en el funcionamiento del aparato digestivo. La boca (labios,
lengua, encías y membranas mucosas) es afectada por una deficiencia
de vitaminas B y por el escorbuto. La deficiencia de yodo puede producir
un aumento de tamaño de la glándula tiroides. Una tendencia
a sangrar y síntomas cutáneos como erupciones, sequedad
y tumefacción por retención de líquidos (edema)
pueden manifestarse en los casos de escorbuto, deficiencia de vitaminas
K y A y beriberi. El raquitismo, la osteomalacia, la osteoporosis y
el escorbuto afectan huesos y articulaciones.
El estado nutricional de un individuo se puede determinar
de varias maneras. Una de ellas es medir la estatura y el peso y compararlos
con las tablas estandarizadas. Otra es calcular el índice de
masa corporal, que se obtiene dividiendo el peso (en kilogramos) por
el cuadrado de la estatura (en metros). Un índice de masa corporal
que oscila entre 20 y 25 es generalmente considerado normal para varones
y mujeres.
Existe todavía otro modo de determinar el
estado nutricional mediante la medición del grosor de los pliegues
de la piel. Se toma un pliegue en la piel detrás del antebrazo
(pliegue del tríceps) y se estira de tal forma que la capa de
grasa debajo de la piel pueda medirse con un calibrador. Esta grasa
representa el 50 por ciento de la grasa corporal total. La medida del
pliegue de la piel que se considera normal es de unos 50 mm en los varones
y 25 mm en las mujeres.
Los estados nutricionales también pueden
determinarse midiendo la circunferencia del antebrazo izquierdo para
estimar la cantidad de músculo esquelético en el cuerpo
(peso magro).
Las radiografías ayudan a determinar la densidad
ósea y el estado del corazón y los pulmones. También
detectan trastornos gastrointestinales causados por la malnutrición.
Cuando un médico sospecha la existencia de
una grave desnutrición, puede efectuar un hemograma y unos análisis
de sangre y orina para medir los valores de vitaminas, minerales y productos
de desecho como la urea. También pueden requerirse exámenes
cutáneos para valorar la existencia de ciertos tipos de inmunidad.
Factores de riesgo
Los lactantes y los niños tienen un riesgo
superior de desnutrición porque necesitan una mayor cantidad
de calorías y nutrientes para su crecimiento y desarrollo. Pueden
sufrir deficiencias de hierro, ácido fólico, vitamina
C y cobre como resultado de dietas inadecuadas. Una ingestión
insuficiente de proteínas, calorías y otros nutrientes
conduce a una desnutrición calórico-proteica, una forma
particularmente grave de desnutrición que retarda el crecimiento
y el desarrollo. La enfermedad hemorrágica del recién
nacido es una predisposición de los recién nacidos a sufrir
hemorragias provocadas por una deficiencia de vitamina K. Esta enfermedad
puede ser mortal. Cuando los niños se acercan a la adolescencia,
aumentan sus requerimientos nutricionales porque también aumenta
su ritmo de crecimiento.
Una mujer embarazada o en período de lactancia
tiene unas necesidades nutricionales mayores para evitar su desnutrición
y la de su bebé. Durante el embarazo se recomienda la ingestión
de suplementos de ácido fólico para reducir el riesgo
de malformaciones en el cerebro o en la columna (espina bífida).
Aunque las mujeres que han tomado anticonceptivos orales son más
propensas a desarrollar una deficiencia de ácido fólico,
no existen pruebas de que el feto la presentará. El bebé
de una mujer alcohólica puede sufrir daños físicos
y mentales provocados por el síndrome de alcoholismo fetal, ya
que el abuso del alcohol y la desnutrición que resulta de éste
afectan su desarrollo. Un lactante alimentado exclusivamente con leche
materna puede desarrollar deficiencia de vitamina B12 si la madre es
vegetariana y no ingiere productos de origen animal (vegetariana estricta).
Los ancianos pueden sufrir desnutrición debido
a la soledad, a minusvalías físicas y mentales, inmovilidad
o enfermedad crónica. Además, su capacidad de absorber
nutrientes está reducida, lo que contribuye a la aparición
de problemas como deficiencia de hierro, anemia, osteoporosis y osteomalacia.
El envejecimiento se acompaña de una pérdida
progresiva de músculo que no está relacionada con ninguna
enfermedad o deficiencia dietética. Esta pérdida es alrededor
de 10 kilogramos para los varones y 5 kilogramos para las mujeres. Esto
sucede por el enlentecimiento del metabolismo, la disminución
del peso total y el aumento de la grasa corporal de alrededor del 20
al 30 por ciento en los varones y del 27 al 40 por ciento en las mujeres.
Debido a estos cambios y a la reducción de la actividad física,
la gente mayor necesita menos calorías y menos proteínas
que los jóvenes.
Las personas con una enfermedad crónica que
produce malabsorción tienen dificultad para absorber las vitaminas
liposolubles (A, D, E y K), vitamina B12, calcio y hierro. Una enfermedad
del hígado impide el almacenamiento de las vitaminas A y B12
e interfiere con el metabolismo de las proteínas y la glucosa
(un tipo de azúcar). Las personas que tienen una enfermedad renal,
incluyendo las tratadas con diálisis, son propensos a tener deficiencias
de proteínas, hierro y vitamina D.
La mayoría de los vegetarianos son ovo-lactarios,
es decir, no comen carne ni pescado, pero sí huevos y productos
lácteos. El riesgo de este tipo de dieta es únicamente
la deficiencia de hierro. Los vegetarianos ovo-lactarios tienden a vivir
más y a desarrollar menos minusvalías crónicas
que los que comen carne. Sin embargo, su mejor salud puede también
ser el resultado de su abstención de alcohol y tabaco y su tendencia
a realizar ejercicio regularmente. Los vegetarianos que no consumen
productos animales (vegetarianos estrictos) tienen el riesgo de desarrollar
deficiencia de vita-mina B12. Los alimentos de estilo oriental y los
fermentados, como salsa de pescado, pueden aportar vitamina B12.
Muchas dietas de moda proclaman su capacidad de
intensificar el bienestar o reducir el peso. Sin embargo, las dietas
altamente restrictivas son, desde el punto de vista de la nutrición,
nocivas: provocan deficiencias de vitaminas, minerales y proteínas,
así como trastornos cardíacos, renales y metabólicos,
incluso algunas muertes. Las dietas excesivamente hipocalóricas
(menos de 400 calorías al día) no aseguran la salud por
mucho tiempo.
La adicción al alcohol o a las drogas puede
trastornar el estilo de vida de una persona hasta el punto de que ésta
descuida la nutrición y con ello se deterioran la absorción
y el metabolismo de los nutrientes. El alcoholismo es la forma más
frecuente de adicción a drogas, con efectos graves sobre el estado
nutricional. Consumido en grandes cantidades, el alcohol es un veneno
que lesiona los tejidos, particularmente los del aparato digestivo,
hígado, páncreas y sistema nervioso (incluido el cerebro).
Las personas que beben cerveza y continúan comiendo pueden ganar
peso, pero las que consumen una botella de licor fuertemente alcoholizado
por día tienden a perder peso y a desnutrirse. En los países
desarrollados, el alcoholismo es la causa más frecuente de deficiencia
de vitamina B1 (tiamina) y puede también provocar deficiencias
de magnesio, zinc y otras vitaminas.
Administración de nutrientes
Cuando los nutrientes no se pueden administrar por
la boca, pueden ser suministrados a través de un tubo (alimentación
por sonda) insertado en el aparato digestivo (nutrición enteral)
o también por vía intravenosa (nutrición parenteral).
Estos métodos se utilizan para alimentar quienes no desean o
no pueden comer o a quienes no pueden digerir y absorber nutrientes.
Alimentación por sonda
La alimentación por sonda se usa en varias
situaciones, como la convalecencia de quemaduras y las enfermedades
inflamatorias del intestino. Una sonda de alimentación de plástico
delgado (una sonda nasogástrica) se pasa suavemente por la nariz
hacia la garganta hasta que alcanza el estómago o el intestino
delgado. Aunque la inserción de esta sonda es ligeramente molesta,
una vez colocada, no suele resultar excesivamente incómoda. Si
la alimentación por sonda debe durar un largo período,
ésta puede colocarse directamente en el estómago o en
el intestino delgado a través de una pequeña incisión
en la pared abdominal.
Las soluciones usadas en la alimentación
por sonda contienen todos los nutrientes necesarios, incluidas las proteínas,
hidratos de carbono, grasas, vitaminas y oligoelementos. Las grasas
aportan del 2 al 45 por ciento del total de las calorías.
Los problemas con la alimentación por sonda
son infrecuentes y rara vez graves. Algunas personas tienen diarrea
y molestias abdominales. El esófago puede irritarse e inflamarse
por el tubo nasogástrico. La inhalación (aspiración)
de alimentos hacia los pulmones es una complicación muy poco
frecuente pero grave, que puede prevenirse elevando la cabecera de la
cama para que disminuya la regurgitación y administrando la solución
lentamente.
Alimentación intravenosa
La alimentación intravenosa se usa cuando
las personas no pueden recibir alimentación adecuada a través
de la sonda nasogástrica. Por ejemplo, las personas que se hallan
gravemente malnutridas y que necesitan someterse a cirugía, radioterapia
o quimioterapia, o las que han sufrido quemaduras graves o parálisis
del aparato digestivo, o las que tienen diarrea o vómitos persistentes,
deben ser alimentadas por vía intravenosa.
La
alimentación intravenosa puede aportar una parte o la totalidad
de las necesidades nutricionales de una persona (nutrición parenteral
total). Las soluciones disponibles pueden ser modificadas para quienes
padecen enfermedades renales o hepáticas. La nutrición
parenteral total requiere la inserción de un tubo intravenoso
más grueso (catéter) que los que se usan normalmente para
la administración de líquidos intravenosos. En consecuencia,
se utiliza una vena grande, como la subclavia, que está situada
aproximadamente debajo de la clavícula.
Las personas que reciben nutrición parenteral
total son controladas de forma minuciosa para detectar cambios en el
peso y en la producción de orina, así como la presencia
de signos de infección. Si los valores de glucosa en la sangre
son demasiado altos, se puede añadir insulina a la solución.
La infección es un riesgo permanente, porque el catéter
generalmente queda implantado en el lugar durante un largo tiempo y
las soluciones alimenticias que pasan a través de él tienen
un alto contenido en glucosa, una sustancia en la cual las bacterias
pueden crecer con facilidad.
La nutrición parenteral total puede causar
otras complicaciones. El hígado puede aumentar de tamaño
si se consumen demasiadas calorías, particularmente las que provienen
de grasas. El exceso de grasa en las venas puede causar dolor de espalda,
fiebre, escalofríos, náuseas y bajo recuento de plaquetas.
Sin embargo, estos problemas aparecen en menos del 3 por ciento de las
personas que reciben nutrición parenteral total. La nutrición
parenteral total administrada a largo plazo puede producir dolor óseo.
Inanición
La inanición puede resultar de un ayuno,
una carencia de alimentos, anorexia nerviosa, enfermedad gastrointestinal
grave, un accidente vascular cerebral o un estado de coma. El cuerpo
resiste la inanición deshaciendo sus propios tejidos y usándolos
como fuente de calorías, algo así como quemar los muebles
para mantener una casa caliente. Como resultado, los órganos
internos y los músculos se lesionan progresivamente y la grasa
corporal (tejido adiposo) prácticamente desaparece.
Los adultos pueden perder más de la mitad
del peso de su cuerpo y los niños incluso más. La pérdida
de peso proporcional es mayor en el hígado y los intestinos,
moderado en el corazón y en los riñones, y menor en el
sistema nervioso.
Los signos más obvios de adelgazamiento extremo
son el desgaste de las áreas donde el cuerpo de forma normal
almacena grasa, la reducción del volumen muscular, y la constatación
de huesos protuberantes. La piel se vuelve delgada, seca, poco elástica,
pálida y fría. El cabello se reseca, empobrece y cae con
facilidad. La mayoría de los sistemas del organismo se ven afectados.
La inanición total es mortal en 8 a 12 semanas.
Tratamiento
Restablecer la ingestión de alimentos a las
cantidades normales requiere un lapso considerable, que depende del
tiempo que el organismo haya estado privado de alimentos y de cuán
severamente haya sido afectado. El aparato digestivo se atrofia durante
la inanición y no puede adecuarse inmediatamente a una dieta
normal. Los líquidos (jugos, leche, caldo y sopas fluidas) se
recomiendan para aquellos que pueden tomar alimentos por la boca. Tras
algunos días de ingestión líquida, se puede comenzar
con una dieta sólida y aumentar gradualmente a 5000 calorías
o más al día.
Generalmente, se recomiendan alimentos blandos,
suministrados en pequeñas raciones a intervalos frecuentes para
evitar la diarrea. Una persona debe recuperar entre 1,5 y 2 kilogramos
por semana hasta alcanzar un peso normal. Algunas personas necesitan
al principio ser alimentadas a través de una sonda nasogástrica.
La alimentación intravenosa puede ser necesaria si persisten
la malabsorción y la diarrea.
Desnutrición calórico-proteica
Entre la inanición y la nutrición
adecuada hay varios estados de nutrición inadecuada, como la
desnutrición calórico-proteica, que es la primera causa
de muerte infantil en los países en desarrollo. Esta afección
es causada por un consumo inadecuado de calorías, que produce
una deficiencia de proteínas y micronutrientes (nutrientes requeridos
en pequeñas cantidades, como vitaminas y oligoelementos). Un
rápido crecimiento, una infección, una herida o una enfermedad
crónica debilitante pueden aumentar la necesidad de nutrientes,
particularmente en los lactantes y niños pequeños que
ya estaban desnutridos.
Síntomas
Hay tres tipos de desnutrición calórico-proteica:
seca (la persona está delgada y deshidratada), húmeda
(el individuo se hincha debido a la retención de líquidos)
y un tipo intermedio.
El tipo seco, denominado marasmo, proviene de una
inanición casi total. Un niño que tiene marasmo consume
muy poco alimento, a menudo porque la madre es incapaz de amamantarlo,
y está muy delgado por la pérdida de músculo y
de grasa corporal. Casi invariablemente se desarrolla una infección.
Si el niño sufre algún traumatismo o herida o la infección
se propaga, el pronóstico es peor y su vida corre peligro.
El
tipo húmedo es denominado kwashiorkor, una palabra africana que
significa primer niño segundo niño.
Esta expresión tiene su origen en la observación del desarrollo
de esta afección en el primer niño cuando nace el segundo
y reemplaza al primero en el pecho de la madre. El niño destetado
es alimentado primero con una sopa de avena, de baja calidad nutricional
en comparación con la leche materna, y el niño no se desarrolla
bien. La deficiencia proteica en el kwashiorkor es generalmente más
significativa que la calórica (energía), lo que deriva
en retención de líquidos (edema), enfermedades de la piel
y cambio de color del cabello. Dado que los niños desarrollan
el kwashiorkor después de que han sido destetados, son generalmente
mayores que los que presentan marasmo.
El tipo intermedio de desnutrición calórico-proteica
se denomina kwashiorkor marásmico. Los niños con este
tipo de afección retienen algunos líquidos y tienen más
grasa corporal que los que presentan marasmo.
El kwashiorkor es menos frecuente que el marasmo
y, en la mayoría de los casos, se presenta como kwashiorkor marásmico.
Éste tiende a presentarse en determinadas partes del mundo (África
rural, el Caribe, las islas del Pacífico y el sudeste asiático),
donde los productos del país y los alimentos usados al destetar
a los lactantes, como ñame, mandioca, arroz, patatas dulces y
plátanos verdes, son pobres en proteínas y excesivamente
ricos en almidón.
Tanto en el marasmo como en la inanición
el organismo deshace sus propios tejidos para usar sus calorías.
Se vacían los depósitos de hidratos de carbono del hígado;
las proteínas de los músculos son utilizadas para sintetizar
nuevas proteínas y la grasa es almacenada para producir calorías.
Como resultado, todo el cuerpo se atrofia.
En el kwashiorkor, el organismo es menos capaz de
sintetizar nuevas proteínas. Consecuentemente, los valores de
proteínas en la sangre disminuyen, causando acumulación
de líquidos en los brazos y en las piernas (edemas). Los valores
de colesterol también disminuyen y el hígado se vuelve
graso y aumenta de tamaño (por excesiva acumulación de
grasa en sus células). La carencia de proteínas dificulta
el desarrollo del organismo, la inmunidad, la capacidad de reparar los
tejidos lesionados y la producción de enzimas y hormonas. En
el marasmo y en el kwashiorkor la diarrea es frecuente. El desarrollo
psicomotor puede ser marcadamente lento en los niños gravemente
desnutridos y puede aparecer retardo mental. Por lo general, un niño
pequeño que tiene marasmo está más gravemente afectado
que un niño mayor que tiene kwashiorkor.
Tratamiento
Un niño con desnutrición calórico-proteica
es generalmente alimentado por vía intravenosa durante las primeras
24 a 48 horas de hospitalización. Debido a que estos niños
invariablemente tienen graves infecciones, en general se añade
un antibiótico a los líquidos administrados. Tan pronto
como pueda tolerarlo, se le suministra por vía oral un compuesto
cuyo constituyente básico es la leche. La cantidad de calorías
se incrementa de forma gradual, de tal modo que un niño cuyo
peso es de 6 a 8 kilogramos cuando ingresa en el hospital, aumenta alrededor
de tres kilogramos en doce semanas.
Pronóstico
Más del 40 por ciento de los niños
que sufren desnutrición calórico-proteica fallece. La
muerte durante los primeros días del tratamiento se debe generalmente
a un desequilibrio de electrólitos, una infección, un
descenso anormal de temperatura corporal (hipotermia) o una insuficiencia
cardíaca. Los signos más alarmantes son estupor (semiinconsciencia),
ictericia, pequeñas hemorragias en la piel, baja cantidad de
sodio en la sangre y diarrea persistente. La desaparición de
la apatía, de los edemas y de la falta de apetito son signos
favorables. La recuperación es más rápida en el
kwashiorkor que en el marasmo.
Los efectos a largo plazo de la desnutrición
en la niñez son aún desconocidos. Cuando los niños
son tratados adecuadamente, el hígado y el sistema inmunitario
se recuperan completamente. Sin embargo, en algunos niños la
absorción de nutrientes en el intestino permanece alterada.
El grado de deterioro mental está en relación
con la duración de la desnutrición, su gravedad y la edad
de comienzo. Un leve retardo mental puede persistir durante la edad
escolar y aún más tarde.