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TRASTORNOS MENTALES
CAPITULO 92
Adicción y toxicomanía
La adicción es la actividad compulsiva
y la implicación excesiva en una actividad específica.
La actividad puede ser el juego o puede referirse al uso de casi cualquier
sustancia, como una droga. Las drogas pueden causar dependencia psicológica
o bien dependencia psicológica y física.
La dependencia psicológica se basa en el
deseo de continuar tomando una droga por placer o para reducir la tensión
y evitar un malestar. Las drogas que producen dependencia psicológica
actúan en el cerebro y tienen uno o más de los siguientes
efectos:
- Reducir la ansiedad y la tensión.
- Causar alegría, euforia u otros
cambios placenteros del humor.
- Provocar impresión de aumento
de capacidad mental y física.
- Alterar la percepción.
La dependencia psicológica puede ser muy
poderosa y difícil de superar. Es particularmente frecuente con
las drogas que alteran el humor (y las sensaciones) y que afectan al
sistema nervioso central.
Para los adictos, la actividad relacionada con las
drogas llega a ser una parte tan grande de la vida diaria que la adicción
interfiere generalmente con la capacidad de trabajar, estudiar o de
relacionarse normalmente con la familia y amigos. En la dependencia
grave, los pensamientos y las actividades del adicto están dirigidas
predominantemente a obtener y tomar la droga. Un adicto puede manipular,
mentir y robar para satisfacer su adicción. Los adictos tienen
dificultades para abandonar la droga y a menudo vuelven a ella tras
períodos de abstinencia.
Algunas drogas causan dependencia física,
pero ésta no se acompaña siempre de dependencia psicológica.
Con las drogas que causan dependencia física, el cuerpo se adapta
a ellas cuando se usan de modo continuado, conduciendo a la tolerancia
y a síndrome de abstinencia cuando se deja de consumir. La tolerancia
es la necesidad de aumentar progresivamente la dosis de una droga para
reproducir el efecto originariamente alcanzado por dosis menores. El
síndrome de abstinencia ocurre cuando se deja de tomar la droga
o cuando los efectos de ésta son bloqueados por un antagonista.
Una persona con síntoma de abstinencia se siente enferma y puede
tener muchos síntomas, como dolor de cabeza, diarrea o temblores.
La abstinencia puede provocar una enfermedad grave e incluso con riesgo
vital.
El abuso de drogas implica más que la acción
fisiológica de las drogas. Por ejemplo, las personas con cáncer
cuyo dolor se trata con opioides como la morfina durante meses o años,
casi nunca se vuelven adictas a narcóticos, aunque pueden desarrollar
una dependencia física. Es decir, el abuso de drogas es un concepto
definido principalmente por comportamientos disfuncionales y por la
desaprobación social. Casi todas las sociedades a lo largo de
su historia conocida han autorizado el uso de fármacos psicoactivos,
incluso los considerados perjudiciales. Las sustancias que alteran el
humor, como el alcohol y las setas alucinógenas desempeñan
un papel importante en algunos rituales religiosos. Algunas sociedades
aceptan sustancias que otras no permiten. Las sociedades pueden admitir
una sustancia y posteriormente rechazarla.
En algunos países, el término médico
abuso de sustancias se refiere a la disfunción y a la desadaptación
que conlleva el uso de drogas pero no a la dependencia. Habitualmente
el abuso de drogas es la experimentación y uso para la propia
satisfacción de drogas ilegales, el uso de fármacos legales
no prescritos por el médico para aliviar problemas o síntomas
y el uso de drogas hasta la dependencia. El uso de drogas ocurre en
todos los grupos socioeconómicos y afecta tanto a gente con alto
nivel cultural y profesional como a personas con bajo nivel de estudios
y sin empleo.

Aunque el abuso de drogas tiene efectos poderosos,
el humor del adicto y el ambiente donde se toma la droga influyen significativamente
en su efecto. Por ejemplo, una persona que se siente triste antes de
beber alcohol puede estar más triste a medida que el alcohol
hace efecto. La misma persona puede estar alegre cuando bebe con amigos
que se alegran bajo los efectos del alcohol. No es posible predecir
cuál va a ser el efecto de una droga para cada persona y en cada
situación.
Cómo se desarrolla la dependencia a una droga
es una cuestión compleja y no aclarada. El proceso está
influido por las propiedades químicas de la droga, sus efectos,
la personalidad del adicto y otras condiciones predisponentes como la
herencia y la presión social. En particular, la progresión
desde la experimentación al uso ocasional y luego desde la tolerancia
a la dependencia es poco conocida. Las personas con alto riesgo adictivo
basado en su historia familiar no han demostrado tener diferencias biológicas
o psicológicas en la forma de responder a las drogas, aunque
algunos estudios indican que los alcohólicos pueden tener genéticamente
una respuesta disminuida a los efectos del alcohol.
Se ha prestado mucha atención a la llamada
personalidad adictiva. Los adictos a menudo tienen baja autoestima,
son inmaduros, fácilmente frustrables y tienen dificultad para
resolver problemas personales y relacionarse con gente del sexo contrario.
Los adictos pueden tratar de escapar de la realidad y han sido descritos
como temerosos, introvertidos y deprimidos. Algunos tienen una historia
de repetidos intentos de suicidio o de autolesiones. A los adictos se
les ha descrito como personalidades dependientes, que tratan de encontrar
un soporte en sus relaciones y que tienen problemas para cuidar de ellos
mismos. Otros muestran rabia manifiesta e inconsciente y una expresión
sexual incontrolada; pueden usar las drogas para controlar su comportamiento.
Sin embargo, la evidencia sugiere que, en general, estos signos emergen
como resultado de una adicción a largo plazo y no son necesariamente
el resultado del abuso de drogas.
En ocasiones, los familiares o los amigos pueden
comportarse de modo que permiten al adicto continuar abusando de las
drogas o del alcohol; estas personas son consideradas codependientes
(también llamadas facilitadoras). Los codependientes pueden llamar
enfermo al adicto o crear excusas para el comportamiento de la persona.
Por ejemplo, un amigo puede decir: Pedro no tenía intención
de atravesar el muro con el puño; estaba simplemente un poco
enojado porque el bar no tenía su cerveza favorita. El
codependiente puede suplicar al adicto que deje de tomar drogas o alcohol
pero raramente hace algo más para ayudarle a cambiar su conducta.
Un familiar o amigo que se preocupa debería
animar al adicto a dejar de tomar drogas y a entrar en un programa de
tratamiento. Si el adicto renuncia a buscar ayuda, el familiar o el
amigo puede en algún caso amenazarle con dejar de estar en contacto
con él. Tal actitud parece hiriente pero puede ser coordinada
con la intervención guiada de un profesional. Éste puede
ser un método de convencer al adicto de que debe realizar cambios
en su comportamiento.
Una mujer adicta embarazada expone a su feto a la
droga. A menudo, aquélla es reacia a admitir a médicos
y enfermeras que está abusando de las drogas o del alcohol. El
feto puede hacerse físicamente dependiente. Poco después
del parto, el recién nacido puede experimentar un síndrome
de abstinencia grave o incluso mortal, sobre todo si los médicos
y enfermeras no han sido informados de la adicción de la madre.
Los niños que sobreviven a la abstinencia pueden tener muchos
otros problemas.
Finalmente, otra gran preocupación respecto
a cualquier droga ilegal es que no siempre es lo que pretende ser. No
existe control de calidad con las drogas ilegales y la mala calidad
(grandes variaciones en los grados de potencia o incluso adulteración)
representa un peligro añadido a su uso.
Alcoholismo
El alcoholismo es una enfermedad crónica
caracterizada por una tendencia a beber más de lo debido, intentos
infructuosos de dejar la bebida, y mantenimiento de la costumbre a pesar
de las adversas consecuencias sociales y laborales.
El alcoholismo es una enfermedad frecuente. En Estados
Unidos, por ejemplo, alrededor del 8 por ciento de los adultos tiene
un problema de consumo de alcohol. Los hombres son cuatro veces más
propensos que las mujeres a ser alcohólicos. Las personas de
todas las edades son susceptibles. Cada vez más, los niños
y los adolescentes tienen problemas con el alcohol, con desastrosas
consecuencias.
El alcohol produce dependencia tanto psicológica
como física. El alcoholismo generalmente interfiere con la capacidad
de relacionarse y de trabajar y produce muchas conductas destructivas.
Los alcohólicos suelen estar intoxicados diariamente. La embriaguez
puede alterar las relaciones familiares y sociales y provoca frecuentemente
divorcios. El absentismo extremo del trabajo puede conducir al desempleo.
Los alcohólicos con frecuencia no pueden controlar su conducta,
tienden a conducir vehículos habiendo bebido y sufren lesiones
físicas por caídas, peleas o accidentes automovilísticos.
Algunos alcohólicos también pueden ponerse violentos.
Causas
La causa del alcoholismo es desconocida pero el
consumo de alcohol no es el único factor. Aproximadamente el
10 por ciento de la gente que bebe alcohol se vuelve alcohólica.
Los familiares consanguíneos de los alcohólicos tienen
una incidencia más alta de alcoholismo que la población
general. También el alcoholismo tiene más probabilidades
de desarrollarse en los hijos biológicos de los alcohólicos
que en los adoptados, lo que sugiere que el alcoholismo implica un defecto
genético o bioquímico. Algunas investigaciones sugieren
que las personas con riesgo de ser alcohólicas se embriagan con
menor facilidad que los no alcohólicos; esto quiere decir que
sus cerebros son menos sensibles a los efectos del alcohol.
Además de un posible defecto genético,
existe un cierto trasfondo y rasgos de personalidad que pueden predisponer
a una persona al alcoholismo. Los alcohólicos generalmente provienen
de familias deshechas y las relaciones con los padres están con
frecuencia alteradas. Los alcohólicos tienden a sentirse aislados,
solos, tímidos, depresivos u hostiles. Pueden exhibir conductas
autodestructivas y ser sexualmente inmaduros. Con todo, el abuso y dependencia
de alcohol son tan frecuentes que los alcohólicos pueden encontrarse
entre las personas con cualquier tipo de personalidad.
Efectos
biológicos
El alcohol se absorbe rápidamente desde el
intestino delgado. Como el alcohol se absorbe más rápido
de lo que se metaboliza y elimina, sus valores en la sangre aumentan
rápidamente. Una pequeña cantidad de alcohol se excreta
por la orina, el sudor y el aliento, sin ser modificado. La mayor parte
del alcohol se metaboliza en el hígado y aporta 210 calorías
por cada 30 ml (7 cal/ml) de alcohol puro consumido.
El alcohol deprime inmediatamente las funciones
cerebrales; la intensidad de este efecto depende de su valor en la sangre
(a mayor cantidad, mayor alteración). Las concentraciones de
alcohol se pueden medir en la sangre o estimar midiendo la cantidad
existente en una muestra de aire espirado. Las leyes limitan la concentración
sanguínea de alcohol que puede tener una persona mientras conduce.
En general, algunos países fijan el límite en 0,1 (100
miligramos de alcohol por cada decilitro de sangre) pero otros lo fijan
en 0,08. Incluso una concentración de alcohol de 0,08 puede reducir
la capacidad de una persona para conducir con seguridad.
La ingestión prolongada de excesivas cantidades
de alcohol daña muchos órganos, particularmente el hígado,
el cerebro y el corazón. Como otras drogas, el alcohol tiende
a inducir tolerancia, por lo que las personas que toman más de
dos vasos al día pueden beber más alcohol que los no bebedores
sin que se produzcan efectos de embriaguez. Los alcohólicos también
pueden hacerse más tolerantes a otras sustancias que deprimen
la función del sistema nervioso central; por ejemplo, las personas
que toman barbitúricos o benzodiacepinas necesitan generalmente
altas dosis para conseguir un efecto terapéutico. La tolerancia
no parece alterar el modo en que es metabolizado o excretado el alcohol.
Más bien el alcohol induce una adaptación del cerebro
y de otros tejidos.
Si un alcohólico, de repente, deja de beber,
es probable que se produzcan síntomas de abstinencia. El síndrome
de abstinencia de alcohol generalmente comienza de 12 a 24 horas después
de que la persona deja de consumir alcohol. Los síntomas leves
incluyen temblor, debilidad, sudación y náuseas. Algunas
personas sufren convulsiones (llamadas epilepsia alcohólica o
convulsiones por alcohol). Los grandes bebedores que dejan la bebida
pueden sufrir alucinosis alcohólica. Pueden tener alucinaciones
y oír voces que parecen acusadoras y amenazantes, causándoles
aprensión y terror. Las alucinaciones alcohólicas pueden
durar días y pueden ser controladas con fármacos antipsicóticos,
como la clorpromacina o la tioridacina.
Si se deja sin tratar, la abstinencia de alcohol
puede producir un conjunto de síntomas más graves llamado
delírium trémens. El delírium trémens por
lo general no comienza inmediatamente, más bien aparece entre
2 y 10 días después de dejar de beber. En el delírium
trémens, la persona está al principio ansiosa y más
tarde desarrolla confusión creciente, insomnio, pesadillas, sudación
excesiva y depresión profunda. El pulso tiende a acelerarse.
Puede aparecer fiebre. El episodio puede agravarse con alucinaciones
fugaces, con ilusiones que producen miedo, inquietud y desorientación,
con alucinaciones visuales que pueden aterrorizar. Los objetos vistos
con poca luz pueden ser particularmente aterradores. Por último,
la persona está extremadamente confusa y desorientada. Una persona
con delírium trémens siente en ocasiones que el suelo
se mueve, las paredes se caen o que la cama gira. A medida que progresa
el delirio, aparece temblor persistente en las manos, que a veces se
extiende a la cabeza y al cuerpo, y la mayoría de las personas
presenta una intensa descoordinación. El delírium trémens
puede ser mortal, particularmente si no se trata.
Otros problemas están directamente relacionados
con los efectos tóxicos del alcohol en el cerebro y en el hígado.
Un hígado dañado por el alcohol es menos capaz de eliminar
del cuerpo las sustancias tóxicas, lo que puede causar un coma
hepático. Una persona en coma está embotada, somnolienta,
estuporosa y confusa y generalmente presenta un temblor extraño
en las manos, como aleteo. El coma hepático incluye peligro de
muerte y necesita tratamiento inmediato.
El síndrome de Korsakoff (psicosis amnésica
de Korsakoff) generalmente ocurre en personas que ingieren regularmente
grandes cantidades de alcohol, especialmente en aquellas que están
desnutridas y tienen deficiencia de vitaminas B (particularmente tiamina).
Una persona con síndrome de Korsakoff pierde la memoria de los
acontecimientos recientes. La memoria es tan frágil que a menudo
la persona inventa historias que intentan encubrir la incapacidad para
recordar. El síndrome de Korsakoff a veces ocurre después
de un ataque de delírium trémens. Algunas personas con
síndrome de Korsakoff también desarrollan encefalopatía
de Wernicke; los síntomas incluyen movimientos anormales de los
ojos, confusión, movimientos incoordinados y anomalías
en la función nerviosa. El síndrome de Korsakoff puede
ser mortal a menos que se suprima rápidamente la deficiencia
de tiamina.
En una mujer embarazada, una historia de una gran
ingestión crónica de alcohol se puede asociar con malformaciones
del feto en desarrollo, incluyendo bajo peso al nacer, pequeña
talla, cabeza pequeña, lesiones cardíacas, daño
muscular y bajo coeficiente intelectual o retraso mental. La ingestión
moderada de alcohol de tipo social (por ejemplo, 2 vasos de vino de
120 ml al día) no está asociada a estos problemas.
Tratamiento
Los alcohólicos que presentan síndrome
de abstinencia generalmente los tratan ellos mismos bebiendo. Algunas
personas buscan atención médica porque no desean continuar
bebiendo o porque el síndrome de abstinencia es muy intenso.
En uno u otro caso, el médico comprueba en primer lugar la posibilidad
de una enfermedad o una lesión de la cabeza que pudiera complicar
la situación. El médico trata entonces de caracterizar
el tipo de síndrome de abstinencia, de estimar cuánto
bebe usualmente la persona y de determinar cuándo dejó
de beber.
Como la deficiencia vitamínica causa síndrome
de abstinencia potencialmente mortal, los médicos de los servicios
de urgencia dan generalmente grandes dosis intravenosas de complejos
vitamínicos C y B, especialmente tiamina. Los líquidos
intravenosos, el magnesio y la glucosa se dan a menudo para prevenir
algunos de el síndrome de abstinencia de alcohol y para evitar
la deshidratación.
Frecuentemente, los médicos prescriben un
fármaco benzodiacepínico durante unos días para
calmar la agitación y ayudar a prevenir el síndrome de
abstinencia. Los fármacos antipsicóticos se administran
generalmente a un reducido número de personas con alucinosis
alcohólica. El delírium trémens puede poner en
peligro la vida y se trata más agresivamente para controlar la
fiebre alta y la agitación intensa. Generalmente se administran
líquidos intravenosos, fármacos para bajar la fiebre (como
el paracetamol), y sedantes, y se requiere una supervisión estrecha.
Con este tratamiento, el delírium trémens generalmente
comienza a desaparecer dentro de las primeras 12 a 24 horas.
Después de resolver los problemas médicos
urgentes, debe comenzarse una desintoxicación y un programa de
rehabilitación. En la primera fase del tratamiento, el alcohol
se suprime por completo. Por lo tanto, un alcohólico tiene que
modificar su conducta. Permanecer sobrio es difícil. Sin ayuda,
la mayoría recae en unos pocos días o semanas. Generalmente
se cree que el tratamiento de grupo es más eficaz que el asesoramiento
individual; sin embargo, el tratamiento se debería adecuar a
cada individuo. También puede ser importante el contar con el
apoyo de los familiares.
Alcohólicos Anónimos
No existe nada que beneficie tanto a los alcohólicos
y de modo tan eficaz como la ayuda que se pueden proporcionar ellos
mismos participando en Alcohólicos Anónimos (AA). Alcohólicos
Anónimos opera dentro de un contexto religioso; existen organizaciones
alternativas para quien desea una aproximación más secular.
Un alcohólico debe sentirse cómodo, preferiblemente incorporándose
a un grupo donde los miembros comparten otros intereses aparte del alcoholismo.
Por ejemplo, algunas áreas metropolitanas tienen grupos de Alcohólicos
Anónimos para médicos y dentistas u otras profesiones
y para personas con ciertas aficiones, así como para solteros
o para mujeres y varones homosexuales.
Alcohólicos Anónimos procura un sitio
donde el alcohólico en recuperación puede entablar relaciones
sociales fuera del bar con amigos no bebedores, quienes también
sirven de apoyo cuando surge de nuevo la necesidad imperiosa de beber.
El alcohólico oye las confesiones de los otros al grupo entero
con respecto a cómo están luchando día a día
para evitar tomar una copa. Finalmente, proponiendo medios para que
el alcohólico ayude a los demás, Alcohólicos Anónimos
permite que la persona construya una confianza y autoestima que antes
sólo encontraba bebiendo alcohol.
Tratamiento farmacológico
A veces, el alcohólico puede recurrir a un
fármaco para evitar consumir alcohol. Se puede prescribir un
fármaco llamado disulfiram. Este fármaco interfiere con
el metabolismo del alcohol, produciendo acumulación de acetaldehído,
un metabolito del alcohol, en la sangre. El acetaldehído es tóxico
y produce rubor facial, dolor de cabeza pulsátil, aumento del
ritmo cardíaco, respiración acelerada y sudación
durante 5 a 10 minutos después de que la persona ingiere el alcohol.
Las náuseas y los vómitos pueden presentarse de 30 a 60
minutos después. Estas reacciones incómodas y potencialmente
peligrosas duran entre 1 y 3 horas. La incomodidad de la ingestión
de alcohol después de tomar disulfiram es tan intensa que pocas
personas se arriesgan a tomar alcohol, incluso la pequeña cantidad
que llevan algunos preparados de venta libre contra la tos y el catarro
o algunas comidas.
Un alcohólico en recuperación no puede
tomar disulfiram apenas ha dejado de beber; el fármaco puede
ser tomado sólo después de unos pocos días de abstinencia.
El disulfiram puede afectar al metabolismo del alcohol de 3 a 7 días
después de la última dosis del fármaco. A causa
de la intensa reacción al alcohol asociada con el tratamiento,
el disulfiram debería ser administrado solamente a alcohólicos
en recuperación los cuales quieren realmente ayuda y están
deseando cooperar. Las mujeres embarazadas o la gente que tiene una
enfermedad grave no deben tomar disulfiram.
La naltrexona, otro fármaco, puede ayudar
a la gente a hacerse menos dependiente del alcohol, si es usada como
parte de un programa de tratamiento extenso que incluya asesoramiento.
La naltrexona altera los efectos del alcohol en ciertas endorfinas del
cerebro, que pueden estar asociadas con la búsqueda compulsiva
y el consumo de alcohol. Una gran ventaja con respecto al disulfiram
es que la naltrexona no produce malestar. Una desventaja es que la persona
que toma naltrexona puede continuar bebiendo. Las personas con hepatitis
u otra enfermedad hepática no deben tomar naltrexona.
Adicción a narcóticos
La adicción a narcóticos es una dependencia
física y psicológica intensa (una compulsión para
continuar tomando narcóticos). Debido al desarrollo de tolerancia,
la dosis debe incrementarse continuamente para obtener el mismo efecto
y se necesita usar continuamente el mismo narcótico o uno similar
para evitar el síndrome de la abstinencia.
Los narcóticos que tienen un uso médico
legítimo como potentes analgésicos se llaman opioides
e incluyen la codeína (que tiene un bajo potencial para crear
dependencia), oxicodona (sola y en varias combinaciones, como oxicodona
más paracetamol), meperidina, morfina e hidromorfina. La heroína,
que es ilegal en muchos países, es uno de los narcóticos
más potentes.
La tolerancia y la abstinencia leve se pueden desarrollar
en 2 o 3 días de uso continuado. Cuando se suspende el uso de
la droga, a veces aparece el síndrome de abstinencia. La mayoría
de los narcóticos en dosis equivalentes puede producir grados
de tolerancia y de dependencia física equivalentes. Los adictos
pueden sustituir un narcótico por otro. Las personas que han
desarrollado tolerancia pueden mostrar pocos signos de uso de drogas
y funcionar normalmente en sus actividades diarias mientras siguen teniendo
acceso a las drogas. Las personas a las que se les administra narcóticos
para tratar el dolor intenso tienen poco riesgo de volverse adictas
si usan la medicación como es prescrita.
Síntomas
Los narcóticos usados para aliviar el dolor
pueden tener otros efectos como estreñimiento, piel enrojecida
o caliente y presión arterial baja, prurito, pupilas contraídas,
somnolencia, respiración lenta y profunda, frecuencia cardíaca
lenta y temperatura corporal baja. Los narcóticos pueden producir
también euforia, a veces simplemente porque un dolor intenso
finalmente ha desaparecido.
Generalmente los síntomas de la abstinencia
son los opuestos a los efectos de la droga: hiperactividad, un sentido
de alerta exacerbado, respiración rápida, agitación,
incremento del ritmo cardíaco y fiebre. El primer signo de abstinencia
es generalmente la respiración rápida, generalmente acompañada
por bostezos, transpiración, lagrimeo y goteo nasal. Otros síntomas
incluyen pupilas dilatadas, horripilación (carne de gallina),
temblores, sacudidas musculares, sensaciones fugaces de calor y frío,
dolores musculares, pérdida de apetito, contracturas intestinales
y diarrea. Los síntomas pueden aparecer sólo de 4 a 6
horas después de dejar de usar el narcótico y llegan al
máximo en 36 a 72 horas. Los síntomas de abstinencia son
más graves en las personas que han usado grandes dosis durante
largos períodos. Como los narcóticos se eliminan del cuerpo
a diferentes velocidades, los síntomas de abstinencia difieren
para cada droga.
Complicaciones
Muchas complicaciones, además de la abstinencia,
derivan del abuso de narcóticos, especialmente si las drogas
son inyectadas con agujas compartidas sin esterilizar. Por ejemplo,
la hepatitis vírica, que puede contagiarse a través de
agujas compartidas, causa lesión hepática. Las infecciones
óseas (osteomielitis) particularmente en las vértebras,
puede también producirse con el uso de agujas sin esterilizar.
El codo del adicto a drogas (miositis osificante) está causado
por las inyecciones repetidas y con agujas defectuosas; la musculatura
alrededor del codo es reemplazada por tejido cicatricial. Muchos adictos
comienzan con inyecciones subcutáneas, que pueden causar úlceras
cutáneas. A medida que aumenta la adicción, el drogadicto
se puede inyectar la droga en la vena, volviendo a la inyección
subcutánea cuando sus venas están tan llenas de tejido
cicatricial que ya no se pueden inyectar.
Los adictos a narcóticos desarrollan problemas
pulmonares, como irritaciones pulmonares por aspiración (inhalación
de saliva o vómitos), neumonía, abscesos, émbolos
pulmonares y cicatrices, resultado del talco contenido en las inyecciones
con impurezas.
Se pueden desarrollar problemas en relación
con el sistema inmune. Los adictos que se inyectan drogas por vía
intravenosa pierden la capacidad de luchar contra las infecciones. Debido
a que el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) se puede propagar
a través de agujas compartidas, gran número de personas
que se inyectan narcóticos también desarrollan SIDA.
La adicción a narcóticos puede provocar
problemas neurológicos, generalmente como resultado de un inadecuado
flujo de sangre al cerebro. Puede aparecer coma. La quinina, un contaminante
habitual de la heroína, puede causar visión doble, parálisis
y otros síntomas de lesión nerviosa como el síndrome
de Guillain-Barré. Los organismos infecciosos procedentes de
agujas no estériles pueden a veces infectar el cerebro, causando
meningitis y abscesos cerebrales.
Otras complicaciones incluyen abscesos cutáneos,
infecciones de la piel y de los ganglios linfáticos y coágulos
sanguíneos.
La sobredosis de drogas representa una grave amenaza
para la vida, particularmente porque los narcóticos pueden suprimir
la respiración y llenar de líquido los pulmones. Una concentración
inesperadamente alta de heroína inyectada o incluso inhalada
puede conducir a la sobredosis y a la muerte.
El consumo de narcóticos durante el embarazo
es especialmente grave. La heroína y la metadona cruzan fácilmente
la barrera placentaria hacia el feto. Un niño nacido de una madre
adicta puede desarrollar rápidamente el síndrome de abstinencia,
incluyendo temblores, chillidos agudos, estado de nerviosismo, convulsiones
y respiración rápida. Una madre infectada por el VIH o
por el virus de la hepatitis B puede transmitir el virus al feto.
Tratamiento
La sobredosis de narcóticos es una urgencia
médica que debe ser tratada rápidamente para evitar la
muerte. La sobredosis puede suprimir la respiración y se puede
acumular líquido en los pulmones (edema pulmonar) de tal modo
que requiera tratamiento con ventilación mecánica. Los
médicos de los servicios de urgencia inyectan un fármaco
llamado naloxona por vía intravenosa para bloquear la acción
del narcótico.
Hay pocos médicos que tengan formación
o experiencia en el tratamiento de una adicción a narcóticos
y las leyes regulan la actuación del médico. De todas
formas, los adictos a narcóticos deben exponer sus problemas
al médico de atención primaria, quien podrá recomendarles
un centro para el tratamiento de la adicción. Tales centros pueden
tratar el síndrome de abstinencia y aportar asesoramiento psicológico
y social.
Aunque el síndrome de abstinencia acaban
por ceder, la abstinencia aguda puede ser grave y durar varios días.
Estos síntomas, muy desagradables, crean una fuerte compulsión
a tomar drogas de nuevo; sin embargo, generalmente no suponen un riesgo
vital y pueden ser aliviados con medicación.
La substitución del narcótico por
la metadona es el método de tratamiento preferido para la abstinencia.
La metadona, que, de hecho, es también un narcótico, se
administra por vía oral y altera la función cerebral menos
que otros tipos de narcóticos. Como los efectos de la metadona
son mucho más duraderos que los de otros narcóticos, se
puede tomar con menos frecuencia, usualmente una vez al día.
El mantenimiento de los adictos con dosis lo suficientemente grandes
de metadona durante meses o años les permite ser socialmente
productivos porque sus problemas de suministro están solucionados.
Para algunos, el tratamiento es útil. Otros pueden no rehabilitarse
socialmente.
Los adictos deben acudir diariamente a la clínica,
donde se les dispensa la metadona en las dosis más pequeñas
posibles para prevenir el desarrollo del síndrome de abstinencia
intenso. Generalmente, 20 miligramos de metadona al día impiden
el desarrollo del síndrome de abstinencia grave; sin embargo,
algunos adictos necesitan dosis mayores. Una vez que se ha establecido
la dosis de metadona que disminuye la intensidad de la reacción
de abstinencia, se procede a reducir esta dosis aproximadamente un 20
por ciento cada día. Esto deja a la persona libre de síntomas
agudos de abstinencia pero no previene una recaída para consumir
de nuevo heroína.
La interrupción del mantenimiento con metadona
puede producir a veces una reacción desagradable, como dolor
muscular profundo (dolores óseos). Las personas con abstinencia
de metadona generalmente tienen mal carácter y problemas para
conciliar el sueño. Puede ser de ayuda el tomar somníferos
durante varias noches. Muchas de las reacciones de la abstinencia desaparecen
al cabo de 7 a 10 días pero la debilidad, el insomnio y la ansiedad
intensa pueden durar varios meses.
En algunos países, determinados centros de
tratamiento pueden dispensar 1-alfa-acetilmetadol (LAAM), una forma
de metadona de actividad prolongada. Esto elimina la necesidad de acudir
diariamente a la clínica o de tomar medicaciones en casa. Sin
embargo, el LAAM está todavía en fase experimental.
El síndrome de abstinencia de narcóticos
también pueden ser aliviados con un fármaco llamado clonidina.
Sin embargo, la clonidina puede ocasionar algunos efectos secundarios
como bajada de la presión arterial, modorra, inquietud, insomnio,
irritabilidad, aumento del ritmo cardíaco y dolores de cabeza.
La naltrexona es un fármaco que bloquea los
efectos incluso de dosis intravenosas muy importantes de heroína.
Dependiendo de la dosis, los efectos de la naltrexona duran entre 24
y 72 horas. A causa de esto, un adicto que tiene una inserción
social estable puede tomar este fármaco diariamente (o tres veces
por semana) para evitar la tentación de consumir heroína.
Un grupo de apoyo formado por el médico, la familia y los amigos
es importante para el éxito del tratamiento.
El concepto de la comunidad terapéutica surgió
hace casi 25 años en respuesta a los problemas de la adicción
a la heroína. Los pioneros de este apoyo no farmacológico
fueron Daytop Village y Phoenix House. El tratamiento implica convivir
en una comunidad un tiempo relativamente largo (generalmente 15 meses)
para ayudar a los adictos a construir una nueva vida a través
del entrenamiento, la educación y una reorientación de
su comportamiento. Estos programas han ayudado a muchas personas, pero
permanece sin respuesta cuál ha sido precisamente su resultado
y con qué amplitud deberían ser aplicados.
La epidemia de SIDA ha llevado a algunas personas
a sugerir que se entreguen jeringas y agujas estériles a los
adictos que se inyectan. Se ha demostrado que ello reduce la transmisión
del VIH.
Adicción a ansiolíticos y a hipnóticos
Los fármacos que se prescriben para tratar
la ansiedad y como inductores del sueño pueden causar dependencia
tanto física como psicológica. Tales fármacos incluyen
benzodiacepinas, barbitúricos, glutetimida, cloralhidrato y meprobamato.
Cada uno funciona de un modo diferente y tiene un potencial de dependencia
y de tolerancia diferente. El meprobamato, la glutetimida, el cloralhidrato
y los barbitúricos son prescritos con menos frecuencia que en
el pasado, principalmente porque las benzodiacepinas son más
seguras.
En general, las personas adictas a estos fármacos
comenzaron tomándolos por razones médicas. Algunas veces
el médico puede prescribir dosis altas durante períodos
largos para tratar un problema grave, lo cual puede provocar dependencia.
En otras ocasiones, las personas pueden utilizar más medicación
de la que se les ha prescrito. En cualquier caso, la dependencia se
puede desarrollar a las 2 semanas de uso continuado.
Síntomas
La dependencia de los hipnóticos y de los
ansiolíticos disminuye el estado de alerta y produce una expresión
balbuceante, mala coordinación, confusión y respiración
lenta. Estos fármacos pueden hacer que una persona esté
alternativamente deprimida y ansiosa. Algunas personas experimentan
pérdida de memoria, toma de decisiones erróneas, momentos
de pérdida de atención y cambios brutales del estado emocional.
Las personas de edad avanzada pueden parecer dementes, pueden hablar
despacio y tener dificultades para pensar y para comprender a los demás.
Pueden ocurrir caídas que traen como resultado fracturas óseas,
especialmente de cadera.
Estos fármacos provocan somnolencia y tienden
a acortar la fase de sueño con movimientos rápidos de
los ojos (REM), que es aquella en la que se sueña. La interferencia
con el sueño puede hacer a una persona más irritable al
día siguiente. Los patrones del sueño pueden quedar gravemente
alterados en las personas que interrumpen el fármaco después
de haber desarrollado tanto dependencia como tolerancia. La persona
puede tener entonces más fase REM, soñar más y
despertarse más frecuentemente de lo normal. Este tipo de reacción
de rebote varía de persona a persona, pero en general es más
grave y ocurre con mayor frecuencia en aquellos que consumen altas dosis
del fármaco y durante períodos más largos antes
de la interrupción.
La abstinencia aguda de cualquiera de estos fármacos
puede producir una reacción grave, aterrorizante y potencialmente
mortal, de un tipo parecido al de la abstinencia alcohólica (delírium
trémens). Las reacciones de abstinencia graves son más
frecuentes después del uso de barbitúricos o glutetimida
que con las benzodiacepinas. La persona es hospitalizada durante el
proceso de abstinencia debido a la posibilidad de una reacción
grave.
Tratamiento
Interrumpir una reacción de abstinencia grave
es difícil, aunque el tratamiento puede aliviarla. Durante las
primeras 12 a 20 horas, la persona puede estar nerviosa, inquieta y
débil. Pueden temblarle las manos y las piernas. Hacia el segundo
día, los temblores pueden ser más intensos y la persona
se siente todavía más débil. Durante el segundo
y tercer días, la mayoría de las personas que estaba tomando
dosis diarias que eran ocho o más veces la prescripción
habitual de barbitúricos o de glutetimida, sufre convulsiones
graves que pueden ser incluso mortales. Ocasionalmente, puede producirse
un ataque convulsivo incluso de 1 a 3 semanas después del comienzo
de la abstinencia. Otros efectos que puede ocasionar la abstinencia
son deshidratación, delirio, insomnio, confusión y alucinaciones
visuales y auditivas. Incluso aplicando el mejor tratamiento, una persona
puede tardar un mes o más en sentirse normal.
La abstinencia de barbitúricos es generalmente
peor que la de benzodiacepinas, aunque ambas pueden resultar muy difíciles
de tratar. La duración de las reacciones debidas a la abstinencia
varía de un fármaco a otro. Frecuentemente, los médicos
tratan la abstinencia volviendo a administrar el fármaco causante
a una dosis inferior y disminuyéndola progresivamente a lo largo
de días o semanas.
Adicción a la marihuana
El consumo de marihuana (cannabis) está ampliamente
extendido. Los estudios entre los estudiantes universitarios han demostrado
periódicamente aumento, disminución y un nuevo aumento
del consumo. En algunos países, la marihuana se fuma habitualmente
en forma de cigarrillos hechos con las raíces, las hojas y las
flores distales de la planta seca, que casi siempre es la Cannabis sativa.
La marihuana también es usada como hachís, que es la resina
de la planta prensada (una sustancia del color del alquitrán).
El componente activo de la marihuana es el tetrahidrocannabinol (THC),
el cual se presenta en muchas variedades, siendo la más activa
la delta-9-THC. La delta-9-THC se fabrica de forma sintética
como un fármaco llamado dronabinol y se usa en investigación
y en ocasiones para tratar las náuseas y los vómitos asociados
a la quimioterapia anticancerosa.
Algunas personas se hacen dependientes de la marihuana
por razones psicológicas y esta dependencia puede tener todas
las características de una adicción grave. La dependencia
física de la marihuana no ha sido demostrada de modo fehaciente.
Al igual que el alcohol, la marihuana puede ser usada de modo intermitente
por muchas personas sin que les cause una disfunción aparente
social o psicológica, ni tampoco adicción.
Síntomas
La marihuana deprime la actividad cerebral, produciendo
un estado de ensoñación en el cual las ideas parecen inconexas
e incontrolables. El tiempo, el color y las percepciones espaciales
pueden distorsionarse y exaltarse. Los colores pueden parecer más
brillantes, los sonidos más altos y puede aumentar el apetito.
La marihuana generalmente alivia la tensión y aporta una sensación
de bienestar. La sensación de exaltación, excitación
y gozo interior (el efecto de euforia) parece estar en relación
con el ambiente en el cual se toma la droga, según que el fumador
esté solo o en grupo y dependiendo del humor predominante.
Mientras
se consume marihuana disminuyen las capacidades comunicativas y motrices,
por lo que es peligroso conducir o manejar maquinaria pesada. Las personas
que consumen grandes cantidades de marihuana pueden volverse confusas
y desorientadas. Pueden desarrollar una psicosis tóxica, no sabiendo
quiénes son, donde están o qué hora es. Los esquizofrénicos
están especialmente predispuestos a estos efectos y existe probada
evidencia de que la esquizofrenia puede empeorar con el uso de marihuana.
Ocasionalmente, pueden producirse reacciones de pánico, sobre
todo en los consumidores nuevos. Otros efectos incluyen aumento de la
frecuencia cardíaca, ojos inyectados en sangre y boca seca.
Se puede desarrollar tolerancia a largo plazo en
los consumidores de marihuana. Las reacciones de abstinencia pueden
incluir aumento de actividad muscular (por ejemplo, contracciones espasmódicas)
e insomnio. Sin embargo, como la marihuana es eliminada del organismo
de forma lenta a lo largo de varias semanas, una reacción de
abstinencia tiende a ser leve y generalmente no es perceptible para
el consumidor moderado.
Algunos estudios han sugerido que el uso prolongado
e intenso de marihuana en los varones puede reducir los valores de testosterona,
el tamaño de los testículos y la cantidad de esperma.
El uso crónico en mujeres puede llevar a ciclos menstruales irregulares.
Sin embargo, estos efectos no ocurren siempre y las consecuencias sobre
la fertilidad son inciertas. Las mujeres embarazadas que consumen marihuana
pueden tener hijos de menor peso que las no consumidoras. Además,
la delta-9-THC pasa a la leche materna y puede afectar al lactante de
la misma forma en que afecta a la madre.
El consumo intenso y prolongado de marihuana puede
tener efectos similares al del consumo de cigarrillos sobre los pulmones.
Es frecuente la bronquitis y probablemente se incrementa el riesgo de
cáncer de pulmón.
Los resultados de la detección de marihuana
en los análisis de orina permanecen positivos durante varios
días después del consumo, incluso en consumidores ocasionales.
En los consumidores habituales, los resultados de los análisis
pueden permanecer positivos más tiempo a medida que la droga
se va eliminando lentamente de la grasa corporal. El tiempo que tarda
es variable, dependiendo del porcentaje de THC y de la frecuencia del
consumo. Los análisis de orina son un medio eficaz de identificar
el uso de marihuana, pero una prueba de orina con resultado positivo
sólo indica que la persona ha consumido marihuana, no prueba
que el consumidor esté en ese momento con las facultades alteradas
(intoxicado). Análisis sofisticados pueden determinar hasta un
año después si se ha consumido marihuana.
Adicción a las anfetaminas
Entre las drogas clasificadas como anfetaminas están
la anfetamina, la metanfetamina (speed) y la metilendioxi-metanfetamina
(MDMA, Éxtasis o Adán).
El abuso de anfetaminas puede ser crónico
o intermitente. La dependencia es tanto psicológica como física.
Años atrás, la dependencia de anfetaminas pudo comenzar
cuando se prescribieron fármacos para perder peso, pero ahora
la mayor parte del abuso comienza con la distribución ilegal
del fármaco. Algunas anfetaminas no están aprobadas para
uso médico y otras son fabricadas y consumidas ilegalmente. La
metanfetamina es la anfetamina que más se consume de forma abusiva.
La MDMA tiene una amplia distribución en Europa y, en años
recientes, en Estados Unidos. Los consumidores toman a menudo estas
drogas para bailar sin tregua hasta el amanecer. La MDMA interfiere
en la recaptación de serotonina (un neurotransmisor) y se considera
tóxica para el sistema nervioso.
Síntomas
Las anfetaminas aumentan el estado de alerta (reducen
la fatiga), aumentan la concentración, disminuyen el apetito
y aumentan la resistencia física. Pueden inducir un estado de
bienestar o euforia.
Muchos consumidores de anfetaminas están
deprimidos y utilizan los efectos sobre el humor de estos estimulantes
para aliviar temporalmente la depresión. La resistencia física
puede, en algún grado, mejorar temporalmente. Por ejemplo, en
los atletas que participan en una carrera, la diferencia entre el primer
y el segundo puesto puede ser de tan sólo unas pocas décimas
de segundo y las anfetaminas pueden provocar esa diferencia. Algunas
personas, como los camioneros que recorren grandes distancias, pueden
usar las anfetaminas para que les ayuden a permanecer despiertos.
Además de estimular el cerebro, las anfetaminas
aumentan la presión arterial y la frecuencia cardíaca.
Han ocurrido ataques cardíacos mortales, incluso en atletas jóvenes
y sanos. La presión arterial puede llegar a ser tan alta que
rompa un vaso en el cerebro, provocando un accidente vascular cerebral
y probablemente ocasionando parálisis y fallecimiento. El fallecimiento
es más probable cuando las drogas como el MDMA son usadas en
locales con temperaturas altas y poca ventilación, cuando el
consumidor está muy activo físicamente (por ejemplo, bailando
rápido) o cuando transpira intensamente y no toma suficiente
agua para recuperar el líquido perdido.
Las personas que consumen habitualmente anfetaminas
varias veces al día desarrollan rápidamente tolerancia.
La cantidad consumida al final puede superar en varios cientos de veces
la dosis original. A tales dosis casi todos los consumidores abusivos
se vuelven psicóticos, porque las anfetaminas pueden causar ansiedad
intensa, paranoia y una alteración del sentido de la realidad.
Las reacciones psicóticas incluyen alucinaciones visuales y auditivas
(ver y oír cosas que no existen) y sentimientos de omnipotencia.
Aunque estos efectos pueden suceder en cualquier consumidor, las personas
con un trastorno psiquiátrico, como la esquizofrenia, son más
vulnerables.
Tratamiento
Cuando se interrumpe bruscamente el consumo de una
anfetamina, suceden síntomas opuestos a los efectos de la droga.
El consumidor se encuentra cansado o somnoliento (un efecto que puede
durar 2 o 3 días después de dejar de tomar la droga).
Algunas personas están intensamente ansiosas e inquietas. Los
consumidores que estaban deprimidos cuando comenzaron a usar las anfetaminas
pueden ponerse incluso más deprimidos cuando las dejan. Pueden
volverse suicidas pero puede que durante varios días les falten
las fuerzas para intentar suicidarse. Así los consumidores crónicos
pueden necesitar ser hospitalizados durante la abstinencia de la droga.
Una persona que experimenta delirios y alucinaciones
puede recibir un fármaco antipsicótico, como la clorpromacina,
que tiene un efecto calmante y alivia el sufrimiento. Sin embargo, un
fármaco antipsicótico puede disminuir de forma aguda la
presión arterial. Habitualmente, un ambiente tranquilizante y
seguro ayuda a la persona a recuperarse.
Adicción a la cocaína
La cocaína produce un efecto similar al de
las anfetaminas, pero es un estimulante mucho más potente. Se
puede tomar por vía oral, inhalar en forma de polvo por vía
nasal o inyectarse, por lo general directamente en una vena. Cuando
se hierve con bicarbonato sódico, la cocaína se convierte
en una base llamada crack, que puede ser fumada. El crack actúa
casi tan rápido como la cocaína intravenosa. La cocaína
intravenosa o inhalada produce una sensación de alerta extrema,
de euforia y de gran poder.
Síntomas
La cocaína aumenta la presión arterial
y la frecuencia cardíaca y puede provocar un ataque cardíaco
mortal, incluso en atletas jóvenes y sanos. Otros efectos incluyen
estreñimiento, daño intestinal, nerviosismo intenso, sensación
de que algo se mueve por debajo de la piel (los bichos de la cocaína),
lo que es un signo de posible daño nervioso, ataques epilépticos
(convulsiones), alucinaciones, insomnio, delirios paranoides y conducta
violenta. El consumidor abusivo puede representar un peligro para sí
mismo o para los demás. Debido a que los efectos de la cocaína
duran sólo alrededor de 30 minutos, el consumidor toma dosis
repetidas. Para reducir parte del extremo nerviosismo causado por la
cocaína, muchos adictos también consumen de manera abusiva
heroína o alguna otra sustancia depresora del sistema nervioso,
como el alcohol.
Las mujeres que se quedan embarazadas mientras son
adictas a la cocaína son más proclives a sufrir un aborto
que las no adictas. Si la mujer no sufre un aborto, el feto puede resultar
dañado por la cocaína que, con facilidad, pasa de la sangre
de la madre a la del hijo. Los niños nacidos de madres adictas
pueden tener un sueño anormal y escasa coordinación. El
gateo, la marcha y el uso del lenguaje pueden estar retrasado pero esto
puede ser el resultado de deficiencias nutricionales, de un escaso cuidado
prenatal y del abuso de otras drogas por la madre.
La tolerancia a la cocaína se desarrolla
rápidamente con el uso diario frecuente. Las reacciones de abstinencia
incluyen cansancio extremo y depresión (las opuestas a los efectos
de la droga). Las ansias de suicidio surgen cuando el adicto deja de
tomar la droga. Al cabo de varios días, cuando han vuelto las
fuerzas físicas y mentales, el adicto puede intentar suicidarse.
Como con el uso intravenoso de heroína, muchas
enfermedades infecciosas, incluyendo la hepatitis y el SIDA, son transmitidas
cuando los adictos a la cocaína comparten jeringas sin esterilizar.
Diagnóstico
Se evidencia el uso de cocaína por la hiperactividad
de la persona, las pupilas dilatadas y el incremento de la frecuencia
cardíaca. La ansiedad y el comportamiento errático, grandioso
e hipersexual son evidentes con el uso importante. A menudo se ve paranoia
en aquellos que son llevados a un servicio de urgencias. El consumo
de cocaína se puede confirmar con un análisis de sangre
y orina.
Tratamiento
La cocaína es una droga de acción
muy corta en el tiempo, por lo que una reacción tóxica
puede que no necesite tratamiento. El personal médico de urgencias
vigila de cerca a la persona para ver si se mantiene el efecto peligroso
(peligro de muerte). Pueden administrarse fármacos para bajar
la presión arterial o disminuir la frecuencia cardíaca.
Se pueden administrar otros fármacos para frenar las convulsiones.
Una fiebre muy alta puede requerir también tratamiento.
La abstinencia de un consumo de cocaína de
larga evolución requiere una supervisión de cerca porque
la persona puede volverse depresiva y suicida. Puede ser necesario ingresarla
en un hospital o en un centro de tratamiento de toxicomanías.
El método más eficaz para tratar el abuso de cocaína
es el asesoramiento y la psicoterapia. A veces los trastornos psicológicos
frecuentes entre los adictos a la cocaína, como la depresión
y el trastorno maniacodepresivo, se tratan con antidepresivos o con
litio.
Adicción a los alucinógenos
Los alucinógenos incluyen el LSD (dietilamida
del ácido lisérgico), la psilocibina (seta mágica),
la mescalina (peyote) y el 2,5-dimetoxi-4-metilanfetamina (DOM, STP),
un derivado anfetamínico.
Estas drogas generalmente no producen verdaderas
alucinaciones; las verdaderas alucinaciones ocurren cuando una persona
cree que las cosas anormales que ve y oye están sucediendo realmente.
Por el contrario, la mayoría de los adictos a alucinógenos
comprende que las sensaciones anormales no son reales y están
causadas por la droga. Por lo tanto, estas drogas son en realidad falsamente
alucinógenas.
Síntomas
Los alucinógenos distorsionan las sensaciones
auditivas y visuales. Adicionalmente, las sensaciones pueden mezclarse;
por ejemplo, la audición de música puede provocar que
aparezcan colores y movimientos al ritmo de la música. Los principales
peligros que tiene el uso de estas drogas son los efectos psicológicos
y la alteración del juicio que producen, los cuales pueden conducir
a tomar decisiones peligrosas o a provocar accidentes. Por ejemplo,
un adicto podría pensar que puede volar y puede incluso saltar
desde una ventana para probarlo, con resultado de lesiones graves o
de muerte.
Los alucinógenos estimulan el cerebro. El
efecto en sí puede depender del humor de la persona cuando consume
la droga y del ambiente en el cual la toma. Por ejemplo, las personas
que estaban deprimidas antes de tomar la droga es probable que se sientan
más tristes cuando ésta haga efecto.
La habilidad del adicto para manejar adecuadamente
las distorsiones visuales y auditivas también afecta a la experiencia.
Una persona inexperta y asustada es menos capaz que alguien más
experimentado y que no teme el viaje. Una persona bajo la
influencia de un alucinógeno, generalmente LSD, puede tener ansiedad
extrema y comenzar a sentir pánico, lo que produce un mal viaje.
Puede querer parar el viaje, pero eso no es posible. El
viaje es peor que una pesadilla porque el que sueña
puede despertarse, terminando el mal sueño. Un mal viaje
no acaba rápidamente.
A medida que continúa el viaje,
el adicto comienza a perder el control y puede volverse temporalmente
psicótico. A veces, un mal viaje puede ser tan intenso
o hacer emerger una vulnerabilidad tan innata que la persona puede permanecer
psicótica durante muchos días después de haber
desaparecido los efectos de la droga. Una psicosis prolongada es más
probable en una persona con un trastorno psicológico preexistente,
que se ha hecho más obvio o ha empeorado por los efectos de la
droga.
La tolerancia al LSD puede aparecer después
de 72 horas de uso continuado. Los adictos al LSD pueden también
volverse tolerantes a otros alucinógenos. En general, las personas
que se han hecho tolerantes a los alucinógenos y dejan de tomarlos
de repente no parecen sufrir síndrome de abstinencia.
Algunas personas (especialmente los consumidores
crónicos o repetidos de alucinógenos, particularmente
LSD) pueden experimentar reaparición de síntomas una vez
que han dejado de tomar drogas. La reaparición de síntomas
(flashbacks) es similar, pero generalmente menos intensa, que la experiencia
original, puede ser desencadenada por la marihuana y posiblemente por
otras drogas, como el alcohol, o por el estrés y la fatiga o
sin razón aparente. Generalmente, estos síntomas desaparecen
entre los 6 y los 12 meses, pero pueden continuar hasta 5 años
después del último consumo de LSD, especialmente cuando
el individuo sufre todavía ansiedad u otro trastorno psiquiátrico.
Diagnóstico y tratamiento
El consumo agudo de alucinógenos se caracteriza
por episodios de pánico y de distorsiones visuales, acompañados
por varios tipos de delirio. Las pupilas se dilatan, pero el ritmo cardíaco
no se acelera al mismo nivel que con los estimulantes. La información
procedente de los amigos del consumidor es importante para el diagnóstico.
La mayoría de los consumidores de alucinógenos
no busca nunca tratamiento. Una habitación tranquila y oscura
y una charla serena y tranquilizante pueden ayudar a un adicto que está
teniendo un mal viaje. El adicto a la droga necesita asegurarse
que los efectos son causados por ésta y que acabarán.
Una persona que experimenta una psicosis prolongada puede necesitar
tratamiento psiquiátrico.
Adicción a la fenciclidina
La fenciclidina (PCP, polvo de ángel) se
desarrolló al final de los años cincuenta como un anestésico,
un fuerte reductor de la sensación dolorosa. El uso médico
de PCP fue interrumpido en 1962 porque los pacientes que lo recibieron
presentaban con frecuencia intensa ansiedad y delirios y algunos se
volvieron temporalmente psicóticos. La PCP apareció como
droga de calle en 1967 y, con frecuencia, fue vendida fraudulentamente
como marihuana. Toda la PCP disponible hoy en la calle se sintetiza
ilegalmente.

La PCP se fuma habitualmente después de ser
espolvoreada sobre sustancias vegetales, como perejil, hojas de menta,
tabaco o marihuana. Ocasionalmente, la PCP se consume por vía
oral o en inyección.
Síntomas
La PCP deprime el cerebro y los consumidores, generalmente,
se ponen confusos y desorientados poco después de tomar la droga.
Puede que no sepan dónde están, quiénes son o qué
hora o día es y entrar en un trance como si estuvieran hipnotizados.
La salivación y la transpiración pueden aumentar. Los
consumidores pueden ser combativos y, como no sienten dolor, pueden
continuar peleando incluso aunque sean golpeados con fuerza. También
se incrementan la presión arterial y el ritmo cardíaco.
Son frecuentes los temblores musculares (agitación).
Las dosis muy altas de PCP pueden provocar elevación
de la presión arterial, lo que puede ocasionar un accidente vascular
cerebral, alucinaciones auditivas (oír voces), ataques epilépticos
(convulsiones), fiebre alta con riesgo vital (hipertermia), coma y posiblemente
muerte. El consumo crónico de PCP puede dañar el cerebro,
los riñones y los músculos. Los consumidores esquizofrénicos
son más proclives a volverse psicóticos durante días
o semanas después de consumir PCP.
Tratamiento
El tratamiento de una reacción adversa a
PCP se dirige a los efectos específicos. Por ejemplo, se administran
fármacos para bajar la presión arterial elevada o para
frenar las convulsiones. Cuando los consumidores de PCP se agitan (como
suele ocurrir cuando son llevados para ser tratados), se les coloca
en una habitación tranquila para que se relajen, aunque se les
controla frecuentemente la presión arterial, el ritmo cardíaco
y la respiración. No sirve de ayuda hablarles de forma calmada;
de hecho, la persona puede agitarse todavía más. Si el
ambiente tranquilo no los calma, el médico puede administrar
un calmante como el diazepam. Puede ponerse una sonda en el estómago
y administrar fármacos para acelerar la eliminación de
PCP.
Adicción a solventes volátiles
Entre los adolescentes, los solventes volátiles
y aerosoles son consumidos con mayor frecuencia que la cocaína
o el LSD pero con menos frecuencia que la marihuana y el alcohol. Los
solventes volátiles y aerosoles consumidos se encuentran en muchos
productos del hogar. Estos productos se entiende que deben ser usados
solamente en una habitación bien ventilada, porque muchos de
los productos químicos que contienen son poderosos depresores
del cerebro. Incluso en una habitación bien ventilada, estos
productos químicos tienen algún defecto depresor.
Los efectos son más marcados cuando se inhalan
directamente las emanaciones. Los productos pueden ser pulverizados
en una bolsa de plástico e inhalados, o puede colocarse una tela
empapada con el producto cerca de la nariz o de la boca.
Síntomas
Los consumidores se intoxican rápidamente.
Se ha observado la aparición de vértigos, somnolencia,
confusión, expresión balbuceante y una capacidad reducida
para mantenerse de pie y caminar (marcha inestable). Estos efectos pueden
durar unos minutos o más de una hora. El adicto puede también
agitarse (no debido a que las sustancias químicas sean estimulantes,
sino porque se pierde el control, al igual que ocurre con el consumo
excesivo de alcohol). Puede producirse la muerte, incluso en la primera
ocasión en la que se inhala directamente el producto, por una
depresión intensa de la respiración o por un ritmo cardíaco
irregular (arritmia cardíaca).
Algunas personas, generalmente adolescentes o incluso
niños, encienden con cerillas estas sustancias mientras las inhalan,
provocando la propagación del fuego a través de la nariz
y la boca hacia los pulmones. Las graves quemaduras en la piel y en
los órganos internos pueden ser mortales. Otros han muerto de
asfixia porque el spray inhalado ha revestido internamente los pulmones,
impidiendo el paso del oxígeno a la sangre.
El consumo crónico o la exposición
a estas sustancias químicas en el centro de trabajo pueden dañar
gravemente el cerebro, el corazón, los riñones, el hígado
y los pulmones. Además, se puede dañar la médula
ósea, afectando la producción de glóbulos rojos
y provocando anemia. Aunque la inhalación del óxido nitroso
(gas de la risa) de los recipientes que contienen crema batida puede
parecer inofensiva, la exposición prolongada puede causar adormecimiento
y debilidad en las piernas y en los brazos, que puede llegar a ser permanente.
Las ampollas de nitrito de amilo tienen usos médicos
legítimos, por ejemplo, aliviar el dolor en el pecho causado
por una enfermedad de las arterias coronarias. Sin embargo, el nitrito
de amilo puede ser consumido de modo abusivo, generalmente por varones
homosexuales que buscan alterar la conciencia y aumentar el placer sexual.
El nitrito de amilo parece intensificar el orgasmo alterando la llegada
de oxígeno al cerebro. Aunque el nitrito de amilo se obtiene
con receta médica o por síntesis ilegal, el nitrito de
butilo y el nitrito de isobutilo se venden legalmente bajo diversas
denominaciones. El nitrito de butilo y el nitrito de isobutilo bajan
momentáneamente la presión arterial, producen vértigos
y pueden causar enrojecimiento, seguido de una frecuencia cardíaca
acelerada. Por estas razones, pueden ser peligrosos para las personas
con problemas cardíacos.
Tratamiento
El tratamiento de los niños y de los adolescentes
que son adictos a los solventes volátiles y a los aerosoles implica
la evaluación y el tratamiento de cada órgano lesionado.
También implica la educación y el asesoramiento para conocer
los problemas psicológicos y sociales. Los porcentajes de recuperación
de la adicción a solventes volátiles y aerosoles están
entre los más bajos de las adicciones a sustancias que modifican
del humor.