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ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES
CAPITULO 28
Enfermedad
de las arterias periféricas
La enfermedad arterial oclusiva incluye la
enfermedad de las arterias coronarias, que puede provocar un infarto,
y la enfermedad arterial periférica, que afecta a la aorta abdominal
y sus principales ramificaciones, así como las arterias de las
piernas. Otras enfermedades vasculares periféricas son la enfermedad
de Buerger, la enfermedad de Raynaud y la acrocianosis.
Obstrucción de la irrigación
intestinal
La arteria mesentérica superior irriga
gran parte del intestino. Cuando esta arteria se obstruye, el
tejido intestinal inicia un proceso de degeneración hasta
destruirse.
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Las personas con enfermedad arterial periférica
tienen habitualmente aterosclerosis, una enfermedad en la cual la grasa
se acumula debajo del revestimiento de la pared arterial y estrecha
gradualmente la arteria. Sin embargo, una oclusión arterial parcial
o completa puede ser el resultado de otras causas, como un coágulo
sanguíneo. Cuando se produce el estrechamiento de una arteria,
las partes del organismo que irriga reciben un flujo sanguíneo
insuficiente. La consiguiente disminución de la provisión
de oxígeno (isquemia) puede manifestarse súbitamente (isquemia
aguda) o de forma gradual (isquemia crónica).
Para ayudar a prevenir la enfermedad arterial periférica,
se debe reducir el número de factores de riesgo de la aterosclerosis,
como el hábito de fumar, la obesidad, la hipertensión
y los valores altos de colesterol. Otra de las causas principales de
enfermedad arterial periférica es la diabetes, por lo que un
tratamiento adecuado de la misma puede retrasar el desarrollo de la
enfermedad arterial. Una vez que la enfermedad arterial periférica
se manifiesta, el principal objetivo es el tratamiento de las complicaciones
(calambres en las piernas al caminar, angina de pecho, arritmias, insuficiencia
cardíaca, infarto, ictus e insuficiencia renal).
Aorta abdominal y sus
ramas
La obstrucción de la aorta abdominal y sus
principales ramas puede ser súbita o gradual. Una obstrucción
súbita y completa, por lo general, se produce cuando un coágulo
transportado por el flujo sanguíneo se incrusta en una arteria
(embolia), cuando se forma un coágulo (trombosis) en una arteria
estrechada o cuando se rompe la pared arterial (disección aórtica).
Una obstrucción que se desarrolla gradualmente suele ser el resultado
de la aterosclerosis; con menor frecuencia, es consecuencia de un crecimiento
anómalo de músculo en la pared arterial o de la presión
desde fuera por una masa que está creciendo como un tumor.
Síntomas
Una obstrucción súbita y completa
de la arteria mesentérica superior, la rama principal de la aorta
abdominal que alimenta a gran parte del intestino, es una urgencia médica.
Una persona con esta obstrucción se pone gravemente enferma,
con dolores abdominales intensos. Al comienzo, habitualmente aparecen
vómitos y deposiciones diarreicas con sensación de imperiosidad.
Aunque el abdomen puede ser sensible a la presión cuando el médico
lo examina, habitualmente el dolor abdominal intenso es peor que la
sensibilidad a la presión, la cual es generalizada y vaga. El
abdomen puede estar ligeramente distendido. Inicialmente, con el fonendoscopio,
se auscultan menos sonidos intestinales de lo normal. Más tarde,
no se escucha ninguno. Puede aparecer sangre en las heces, aunque al
principio puede que sólo se detecte con pruebas de laboratorio;
pero enseguida las heces aparecen sanguinolentas. Por último,
disminuye la presión arterial y la persona sufre un shock al
tiempo que el intestino se gangrena.
Un estrechamiento gradual de la arteria mesentérica
superior causa típicamente dolor después de comer, al
cabo de entre 30 y 60 minutos, porque la digestión requiere un
incremento del flujo de sangre al intestino. El dolor es constante,
fuerte y por lo general se centra en el ombligo. El dolor hace que los
pacientes tengan miedo de comer, por lo que pueden perder peso considerablemente.
Debido al reducido aporte de sangre, existe una mala absorción
de nutrientes y, por tanto, se agrava aún más la pérdida
de peso.
Cuando un coágulo se fija en una de las arterias
renales, los vasos que alimentan a los riñones, se produce un
repentino dolor en el costado y la orina se vuelve sanguinolenta. La
obstrucción gradual de las arterias de uno o ambos riñones
es el resultado de la aterosclerosis y puede provocar hipertensión
(hipertensión renovascular), que constituye el 5 por ciento de
todos los casos de presión arterial elevada.
Cuando se obstruye la aorta inferior en el punto
donde se divide en dos ramas (arterias ilíacas) que pasan por
la pelvis para llevar la sangre a las piernas, súbitamente aparece
dolor en éstas, que se vuelven doloridas, pálidas y frías.
No se detecta el pulso en las piernas, la cuales se pueden volver insensibles.
Cuando el estrechamiento gradual sucede en la aorta
inferior o en una de las arterias ilíacas, la persona siente
cansancio muscular o dolor en las nalgas, las caderas y las pantorrillas
al caminar. En los varones es frecuente la impotencia cuando existe
un estrechamiento de la aorta inferior o de ambas arterias ilíacas.
Si se produce en la arteria que comienza en la ingle y baja por la pierna
hacia la rodilla (arteria femoral), aparece un dolor típico en
las pantorrillas al caminar, así como debilidad o falta de pulso
por debajo de la obstrucción.
Palpación de los pulsos femorales
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Tratamiento
La supervivencia después de una obstrucción
repentina de la arteria mesentérica superior y la salvación
del intestino dependen de la rapidez con que se restablezca el suministro
de sangre. Para ganar un tiempo precioso, se puede practicar una intervención
quirúrgica urgente incluso sin radiografías previas. Si
la arteria mesentérica superior está obstruida, sólo
la cirugía inmediata puede restablecer el suministro de sangre
con bastante rapidez para salvar la vida del paciente.
En una obstrucción gradual del flujo sanguíneo
al intestino, la nitroglicerina puede aliviar el dolor abdominal, pero
sólo una intervención quirúrgica es capaz de eliminar
la obstrucción. Para determinar la extensión de la obstrucción
y el punto exacto de la misma, a fin de planificar la intervención
quirúrgica, los médicos se basan en la ecografía-Doppler
(que utiliza ultrasonidos) y la angiografía.
Los coágulos sanguíneos en las arterias
hepática y esplénica, que alimentan al hígado y
al bazo, no son tan peligrosos como las obstrucciones del flujo sanguíneo
del intestino. Incluso cuando una obstrucción causa una lesión
a alguna parte del hígado o del bazo, sólo en raras ocasiones
se necesita la cirugía para corregir el problema.
La extirpación rápida de un coágulo
de una arteria renal puede restablecer la función renal. En el
caso de una obstrucción gradual de una arteria renal, en ocasiones
se puede utilizar la angioplastia (un procedimiento en el que se introduce
un pequeño globo dentro de la arteria y luego se infla para eliminar
la obstrucción), pero, por lo general, la obstrucción
tiene que extirparse mediante una intervención quirúrgica
o bien tiene que hacerse una cirugía de derivación (bypass).
Una intervención quirúrgica urgente
puede eliminar una obstrucción repentina de la aorta inferior
en el punto donde se divide en las dos ramas que llevan la sangre a
las piernas. A veces, los médicos pueden disolver el coágulo
inyectando un fármaco trombolítico, como la uroquinasa,
pero la cirugía suele ser más eficaz.
Arterias de las piernas
y de los brazos
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Arterias de la pierna
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Cuando se produce un estrechamiento
gradual de una arteria de las piernas, el primer síntoma es una
sensación dolorosa, calambres o cansancio en los músculos
de la pierna con la actividad física: es la denominada claudicación
intermitente. Los músculos duelen al caminar y el dolor aumenta
rápidamente y se vuelve más intenso al caminar de prisa
o cuesta arriba. Por lo general, el dolor se localiza en la pantorrilla,
pero puede también aparecer en el pie, el muslo, la cadera o
las nalgas, según la ubicación del estrechamiento, y puede
aliviarse con el reposo. Habitualmente, al cabo de entre 1 y 5 minutos
de sentarse o de estar de pie, la persona puede volver a caminar la
misma distancia que había recorrido, antes de que el dolor empiece
de nuevo. El mismo tipo de dolor durante un esfuerzo también
puede aparecer en un brazo cuando existe un estrechamiento de la arteria
que lleva la sangre al mismo.
A medida que la enfermedad se agrava, la distancia
que se puede caminar sin sentir dolor se hace más corta. Finalmente,
la claudicación aparece incluso en reposo. El dolor habitualmente
se inicia en la parte inferior de la pierna o en el pie, es intenso
y persistente y se agrava cuando se eleva la pierna. A menudo impide
el sueño. Para sentir algún alivio, la persona puede dejar
colgar los pies en el borde de la cama o bien sentarse con las piernas
colgando.
El pie con un suministro de sangre marcadamente
disminuido se enfría y entumece. Se observa sequedad y descamación
cutánea, así como un crecimiento defectuoso de las uñas
y del pelo. A medida que la obstrucción se agrava, se producen
llagas, típicamente en los dedos de los pies o en los talones
y, a veces, en la parte inferior de la pierna, sobre todo después
de una herida. Así mismo, la pierna puede adelgazarse. Una obstrucción
grave puede causar la muerte de los tejidos (gangrena).
Cuando hay una obstrucción repentina y completa
de la arteria de un brazo o de una pierna, aparece dolor intenso, frialdad
y entumecimiento. La pierna o el brazo se vuelven pálidos o azulados
(cianóticos) y no se puede sentir el pulso por debajo de la obstrucción.
Diagnóstico
La sospecha de una obstrucción de una
arteria se basa en los síntomas que describe el paciente y en
la disminución o ausencia del pulso por debajo de un cierto punto
de la pierna. El flujo sanguíneo de la pierna puede valorarse
de diversos modos, como comparando la presión arterial del tobillo
con la del brazo. Normalmente, la presión del tobillo es, por
lo menos, el 90 por ciento de la presión del brazo, pero cuando
el estrechamiento es grave puede ser menos del 50 por ciento.
El diagnóstico puede confirmarse mediante
ciertas pruebas. En la ecografía-Doppler (que utiliza ultrasonidos),
se coloca un receptor sobre la piel encima de la obstrucción
y el sonido del flujo sanguíneo indica el grado de la misma.
En la técnica Doppler con color, todavía más sofisticada,
se obtiene una imagen de la arteria que muestra las diferentes velocidades
del flujo en diversos colores. Dado que no se requiere practicar ninguna
inyección, se utiliza, siempre que sea posible, en lugar de la
angiografía.
En la angiografía, se inyecta en la arteria
una solución opaca a los rayos X. A continuación, se hacen
radiografías para comprobar el grado de flujo sanguíneo,
el diámetro de la arteria y cualquier posible obstrucción.
A continuación de la angiografía puede realizarse una
angioplastia para desobstruir la arteria.
Tratamiento
Las personas con claudicación intermitente
deberían caminar por lo menos 30 minutos al día, siempre
que ello sea posible. Cuando sienten dolor, deberían interrumpir
el ejercicio y caminar de nuevo cuando desaparezca. Mediante este procedimiento,
habitualmente se puede aumentar la distancia recorrida caminando cómodamente,
quizá porque el ejercicio mejora la función muscular y
provoca el aumento de tamaño de los otros vasos sanguíneos
que alimentan a los músculos. Las personas con obstrucciones
no deberían fumar en absoluto. También es útil
elevar la cabecera de la cama con bloques de 10 a 15 cm para aumentar
el riego sanguíneo a las piernas.
Por otro lado, pueden administrarse fármacos,
como la pentoxifilina, para aumentar la distribución del oxígeno
a los músculos. También pueden ser de utilidad los antagonistas
del calcio o la aspirina. Los betabloqueadores, que ayudan a los que
sufren obstrucción de las arterias coronarias, al retrasar la
frecuencia del ritmo del corazón y al reducir así sus
necesidades de oxígeno, en ocasiones agravan los síntomas
en las personas con una obstrucción de las arterias de las piernas.
| Derivación iliofemoral |
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Cuidados del pie
El objetivo del cuidado de los pies es proteger
la circulación en ellos y evitar las complicaciones producidas
por una circulación disminuida. Las úlceras en los pies
necesitan un cuidado meticuloso para prevenir los deterioros subsiguientes
que podrían hacer necesaria una amputación. Así
pues, cualquier úlcera debe mantenerse limpia, lavarse diariamente
con un jabón suave o una solución salina y recubrirse
con vendajes limpios y secos. Una persona con una úlcera en el
pie puede necesitar reposo completo y la elevación de la cabecera
de la cama. Los diabéticos deben controlar las concentraciones
de azúcar en la sangre lo mejor posible. Como norma general,
cualquier persona con mala circulación en los pies o con diabetes
debería consultar a un médico si una úlcera del
pie no se cura en un período de unos 7 días. Muchas veces
el médico prescribe una crema con antibiótico y, si la
úlcera se infecta, generalmente aconseja tomar antibióticos
por vía oral. La curación puede tardar semanas o incluso
meses.
Angioplastia
A menudo los médicos realizan una angioplastia
inmediatamente después de la angiografía. La angioplastia
consiste en la colocación de un catéter con un pequeño
globo en su extremo dentro de la parte estrechada de la arteria y luego
se infla el globo para eliminar (romper) la obstrucción. La angioplastia
habitualmente requiere sólo de uno o dos días en el hospital
y evita intervenciones quirúrgicas de mayor envergadura. El procedimiento
no causa dolor pero puede ser algo molesto, porque el paciente tiene
que permanecer acostado e inmóvil sobre una mesa de radiología,
que es dura. Se administra un sedante suave, pero no anestesia general.
Después de la dilatación, suele administrarse heparina
para evitar la formación de coágulos sanguíneos
en la zona tratada. Muchos médicos prefieren dar a los pacientes
un fármaco antiplaquetario, como la aspirina, para evitar la
coagulación. Para controlar el resultado del procedimiento y
asegurarse de que el estrechamiento no se produce de nuevo, se puede
utilizar la ecografía.
La angioplastia no puede llevarse a cabo si el estrechamiento
afecta a muchos fragmentos de la arteria, si es de una longitud considerable
o si la arteria está toda ella muy endurecida. Si se forma un
coágulo sanguíneo en la zona estrechada, si se desprende
un fragmento de coágulo y obstruye una arteria más distante,
si se produce un derrame dentro del revestimiento de la arteria que
abulte e interrumpa el flujo sanguíneo o si aparecen hemorragias
(por la
heparina
suministrada para evitar la coagulación), puede que sea necesaria
una intervención quirúrgica urgente.
Además del catéter con globo, se utilizan
otros dispositivos para aliviar las obstrucciones, como láser,
cortadores mecánicos, catéteres con ultrasonidos, mallas
extensibles intravasculares y pulidoras rotacionales. Ninguno de estos
dispositivos ha demostrado una mayor eficacia respecto a los demás.
Cirugía
La cirugía muy frecuentemente alivia
los síntomas, cura las úlceras y evita la amputación.
Un cirujano vascular a veces puede extraer un coágulo si sólo
está obstruida una zona pequeña. Como medida alternativa,
puede llevar a cabo una cirugía de derivación (bypass),
en la cual se coloca un injerto artificial (un tubo hecho de un material
sintético) o una vena proveniente de otra parte del cuerpo, de
tal suerte que comunique la parte superior de la arteria obstruida con
la parte inferior a la obstrucción. Otro método es extirpar
el fragmento obstruido o estrechado e insertar un injerto en su lugar.
A veces, la sección (corte) de los nervios cercanos a la obstrucción
(una operación denominada simpatectomía) previene los
espasmos de la arteria y puede ser muy útil en algunos casos.
Cuando se necesita realizar una amputación
para suprimir los tejidos infectados, aliviar un dolor atroz o interrumpir
una gangrena que se agrava, los cirujanos cortan la menor parte posible
de la pierna, para facilitar el uso posterior de una prótesis.
Enfermedad de Buerger
La enfermedad de Buerger (tromboangiitis obliterante)
es la obstrucción de las arterias y venas de pequeño y
mediano calibre, por una inflamación causada por el hábito
de fumar.
Esta enfermedad afecta de forma predominante a varones
fumadores de entre 20 y 40 años. Sólo alrededor del 5
por ciento de los pacientes son mujeres. Si bien se desconoce la causa
de la enfermedad de Buerger, sólo los fumadores la contraen y,
si continúan fumando, la agravan. Debido a que sólo un
pequeño número de fumadores contrae la enfermedad de Buerger,
se cree que existe algún factor que los debe hacer más
propensos. El cómo y el porqué el hecho de fumar cigarrillos
es causa del problema siguen siendo una incógnita.
Síntomas
Los síntomas de un suministro reducido
de sangre a los brazos o las piernas aparecen de forma gradual; se inician
en las yemas de los dedos de las manos o los pies y progresan hacia
arriba por los brazos o las piernas, hasta que, finalmente, causan gangrena.
Alrededor del 40 por ciento de las personas con esta enfermedad también
tiene episodios de inflamación en las venas, particularmente
las venas superficiales y las arterias de los pies o las piernas. Se
nota frío, entumecimiento, hormigueo o ardor antes que se observe
cualquier otro signo. A menudo, se asocia al fenómeno de Raynaud
y calambres musculares, por lo general en los arcos de los pies o en
las piernas pero raramente en las manos, brazos o muslos. A medida que
la obstrucción se hace más grave, el dolor es más
intenso y más persistente. Por otro lado, es característica
la aparición precoz de úlceras, gangrena o ambas simultáneamente.
La mano o el pie se sienten fríos, existe
una sudación excesiva y se vuelven de color azulado, probablemente
porque los nervios reaccionan al dolor intenso y persistente.
Diagnóstico
En más del 50 por ciento de los casos, el
pulso es débil o está ausente en una o más arterias
de los pies o de las muñecas. Con frecuencia, las manos, los
pies y los dedos de la mano o de los pies afectados se vuelven pálidos
cuando se levantan por encima de la altura del corazón y rojos
cuando se bajan. Así mismo, pueden aparecer úlceras en
la piel y gangrena en uno o más dedos de la mano o del pie. La
ecografía-Doppler revela una grave disminución de la presión
de la sangre y del flujo sanguíneo en los pies, las manos y los
dedos afectados. Las angiografías (radiografías de las
arterias) muestran arterias obstruidas y otras anomalías de la
circulación, sobre todo en las manos y los pies.
Tratamiento
Una persona con la enfermedad de Buerger debe
dejar de fumar, de lo contrario, el proceso se agravará de forma
inexorable y, al final, será necesaria una amputación.
También debe evitar la exposición al frío; las
lesiones por calor o frío, o sustancias como el yodo o los ácidos
usados para tratar callos y callosidades; las lesiones provocadas por
el calzado mal ajustado o por una cirugía menor (como alisar
las callosidades); las infecciones provocadas por hongos y los fármacos
que puedan llevar a una constricción de los vasos sanguíneos
(vasoconstrictores).
Se aconseja caminar de 15 a 30 minutos, dos veces
al día, excepto a las personas con gangrena, llagas o dolor en
reposo, que por el contrario pueden necesitar reposo en cama.Los pies
se deberían proteger con vendas que tienen almohadillas para
los talones o con botas de espuma de goma. La cabecera de la cama puede
elevarse con bloques de 12 a 18 centímetros, para que la gravedad
facilite el flujo de sangre por las arterias. Los médicos pueden
prescribir pentoxifilina, antagonistas del calcio o inhibidores plaquetarios
como la aspirina, especialmente cuando la obstrucción es la consecuencia
de un espasmo.
En las personas que dejan de fumar, pero que
aún tienen oclusión arterial, los cirujanos pueden mejorar
el flujo sanguíneo cortando ciertos nervios cercanos para evitar
el espasmo de las arterias. Raras veces llevan a cabo cirugía
de derivación (bypass) con injertos, porque las arterias afectadas
por esta enfermedad son demasiado pequeñas.
Alteraciones funcionales
de las arterias periféricas
Por lo general, estos trastornos son el resultado
de un espasmo de las arterias de los brazos o de las piernas, ya sea
por un defecto en los vasos sanguíneos o por trastornos en los
nervios que controlan el ensanchamiento y estrechamiento de las arterias
(sistema nervioso simpático). Tales anomalías en los nervios
pueden a su vez ser la consecuencia de una obstrucción debida
a una aterosclerosis.
Fenómeno de Raynaud
El espasmo de las arteriolas digitales provoca
una intensa palidez en uno o varios dedos.
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Enfermedad y fenómeno
de Raynaud
La enfermedad y fenómeno de Raynaud
son afecciones en las que las arterias de pequeño calibre (arteriolas),
generalmente de los dedos de las manos y de los pies, sufren un espasmo
y, en consecuencia, la piel se vuelve pálida o con manchas rojas
y posteriormente azules.
Se utiliza el término enfermedad de Raynaud
cuando no hay una causa subyacente y el término fenómeno
de Raynaud cuando se conoce una causa. A veces, la causa subyacente
no puede ser diagnosticada al principio, pero, por lo general, se hace
evidente antes de dos años. Del 60 al 90 por ciento de los casos
de enfermedad de Raynaud se producen en mujeres jóvenes.
Causas
Las posibles causas del fenómeno de Raynaud
son el escleroderma, la artritis reumatoide, la aterosclerosis, los
trastornos nerviosos, el hipotiroidismo, las heridas y reacciones a
ciertos fármacos, como la ergotamina y la metisergida. Algunas
personas con el fenómeno de Raynaud también tienen migrañas,
angina variante y aumento de la presión de la sangre en los pulmones
(hipertensión pulmonar). Estas asociaciones sugieren que la causa
de los espasmos arteriales puede ser la misma en todos estos trastornos.
Cualquier factor que estimule el sistema nervioso simpático,
como la emoción o la exposición al frío, puede
causar espasmos arteriales.
Síntomas y diagnóstico
El espasmo de las pequeñas arterias
en los dedos de las manos y de los pies se produce rápidamente
y muy a menudo se desencadena por la exposición al frío.
La duración puede oscilar entre minutos y horas. Los dedos de
las manos y de los pies se vuelven pálidos, generalmente en forma
de manchas. Pueden verse afectados uno o varios dedos, o partes de uno
o más dedos, cambiando a un color rojo y blanco con manchas.
Cuando el episodio termina, las zonas afectadas pueden ser más
rosadas de lo normal o azuladas. Los dedos de la mano o del pie no duelen,
pero son frecuentes el entumecimiento y una sensación de hormigueo
y ardor. El calentamiento de las manos o de los pies restablece el color
y la sensación normales. Sin embargo, cuando las personas tienen
un fenómeno de Raynaud de mucho tiempo de evolución (especialmente
aquellas con esclerodermia), la piel de los dedos de las manos o de
los pies puede sufrir cambios permanentes (adquiere un aspecto liso,
brillante y terso). Así mismo, pueden observarse pequeñas
llagas dolorosas sobre las yemas de los dedos de las manos o de los
pies.
Para poder distinguir entre obstrucción arterial
y espasmo arterial se realizan pruebas de laboratorio antes y después
de la exposición al frío.
Tratamiento
El control de la enfermedad de Raynaud leve
requiere la protección del torso, los brazos y las piernas contra
el frío y tomar sedantes suaves. Los fumadores deben abandonar
este hábito, porque la nicotina estrecha los vasos sanguíneos.
En un número reducido de personas, las técnicas de relajación
pueden reducir los espasmos. La enfermedad de Raynaud se trata con prazosina
o nifedipina. Otros fármacos, como la fenoxibenzamina, la metildopa
o la pentoxifilina, son útiles en algunas ocasiones. En caso
de incapacidad progresiva y cuando los otros tratamientos son ineficaces,
se pueden cortar los nervios simpáticos (del sistema nervioso
simpático) para calmar los síntomas, pero el alivio puede
durar sólo uno o dos años. Esta operación, denominada
simpatectomía, es más efectiva para las personas con la
enfermedad de Raynaud que para aquellas con el fenómeno de Raynaud.
Para el fenómeno de Raynaud se debe tratar
el trastorno subyacente. La administración de fenoxibenzamina
puede ser de ayuda. Los fármacos vasoconstrictores (como los
betabloqueadores, la clonidina y los preparados con ergotamina) agravan
el fenómeno de Raynaud.
Acrocianosis
La acrocianosis es una coloración azulada
persistente e indolora en ambas manos y, con menor frecuencia, en los
pies, provocada por un espasmo, de causa desconocida, de los vasos sanguíneos
pequeños de la piel.
La afección generalmente aparece en mujeres
y no necesariamente padecen también una enfermedad arterial oclusiva.
Las manos, los pies y los dedos están constantemente fríos
y azulados; la sudación es profusa y puede aparecer hinchazón.
Las temperaturas bajas, por lo general, intensifican la coloración
azul y el calor la reduce. La afección no es dolorosa y no lesiona
la piel.
El diagnóstico del trastorno se efectúa
basándose en los síntomas persistentes, limitados a las
manos y los pies de una persona, junto con unos pulsos normales. Habitualmente,
no se necesita tratamiento. La administración de fármacos
vasodilatadores suele ser poco eficaz. En raras ocasiones, se seccionan
los nervios simpáticos para aliviar los síntomas.